Durante una auditoría en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Gobierno detectó una insólita situación: un empleado había estado viviendo por años en una casilla improvisada ubicada en la terraza del edificio central, en el barrio porteño de Palermo.
La revisión del inmueble, en el marco de las medidas para reducir el gasto público, reveló que este trabajador, encargado de las instalaciones, habitaba un espacio en condiciones precarias.
La casilla mostraba paredes descascaradas, vidrios rotos y un mobiliario básico que incluía una heladera, un televisor antiguo, una radio, sillas, estantes y colchones. Además, se encontraron cajas y objetos acumulados en otra habitación.
El empleado, que será intimado a jubilarse, utilizaba el lugar como vivienda desde hace varios años, algo que había pasado desapercibido hasta la auditoría. Las autoridades consideraron este hallazgo como un reflejo de la desorganización en la gestión del organismo.

Subasta del edificio y reestructuración
El Gobierno decidió vender el edificio central del INTA, cuya subasta está programada para el 23 de diciembre. Las oficinas del organismo se trasladarán a la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, ubicada en Paseo Colón al 982. Esta medida busca optimizar recursos en línea con el plan de reducción del gasto público.









