El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, ya eligió una estrategia con la que busca recuperar el apoyo y consolidarse en el centro de la escena política, luego de un desastroso comienzo de gestión.
Preocupado por el avance del Gobierno de Javier Milei y su intento de disputar la influencia del Pro en la Ciudad, el jefe de Gobierno porteño decidió dar un cambio de rumbo.
En primer lugar, optó por desdoblar la elección local de la nacional con el objetivo de municipalizar la campaña y evitar verse afectado por una posible ola de respaldo a La Libertad Avanza en su distrito.
Con una mentalidad más cercana a la de un intendente kirchnerista del conurbano, procuró resguardar su territorio. Esta movida generó resistencias dentro del propio Pro.
Más adelante, intentó reposicionarse y recuperar la capacidad de marcar agenda en los medios. Para ello, designó a Laura Alonso como vocera institucional de la Ciudad y lanzó una serie de anuncios con el fin de contrarrestar el discurso de sus rivales de LLA.

En este contexto, para intentar levantar su imagen, Macri presentó medidas para supuestamente "aliviar la carga tributaria", se comprometió a impulsar una reforma para "reducir el aparato estatal" y disminuir el denominado "gasto político". Sin embargo, estas medidas están muy lejos de ser consideradas una verdaderas reformas estructurales.
Mientras tanto, el jefe de Gobierno porteño activó la estructura partidaria en plena temporada estival para reanimar a la debilitada tropa amarilla y comenzó a reorganizar su Gabinete con el propósito de mostrar una "renovación".
Sin embargo, detrás de la estrategia que Macri lleva adelante para evitar que Pro pierda su bastión más importante frente al ascenso de Milei, se encuentra Antoni Gutiérrez-Rubí, un asesor político que trabajó con políticos de izquierda y que fue el creador de la "campaña del miedo" en contra del presidente argentino.









