Un fallo de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires pone en jaque el modelo de las plataformas de delivery y amenaza con afectar el trabajo de miles de repartidores. La decisión judicial, alineada con la postura del gobierno deAxel Kicillof, avaló sanciones contra empresas como Rappi y PedidosYa y consolida un avance regulatorio que podría frenar por completo el trabajo de las plataformas.
El caso se originó a partir de inspecciones del Ministerio de Trabajo bonaerense, que detectó presuntos "incumplimientos laborales" en estas compañías. Las firmas cuestionaron tanto las actas como las sanciones, pero la Corte rechazó sus planteos y terminó validando los procedimientos y las conclusiones de los inspectores.
Axel Kicillof junto a su ministro de trabajo, Walter Correa.
El fallo reconoce la capacidad del Estado provincial para fiscalizar y, en los hechos, avanzar sobre la calificación de la relación laboral. Bajo este criterio, la actividad de los repartidores reúne condiciones típicas de un empleo formal, lo que abre la puerta a exigir su registración bajo esquemas laborales tradicionales.
Esto implica un cambio profundo. Las plataformas podrían verse obligadas a registrar a los repartidores, pagar cargas sociales, contratar seguros y cumplir con toda la normativa laboral vigente. En un modelo que funciona sobre la flexibilidad y los costos variables, el impacto sería inmediato.
Más costos para las empresas suelen traducirse en menos oportunidades. Frente a este escenario, las plataformas podrían reducir la cantidad de repartidores activos, limitar el ingreso de nuevos trabajadores o trasladar esos costos a precios más altos para los usuarios.
Para miles de personas, estas aplicaciones representan una fuente de ingresos accesible, sin barreras de entrada y con horarios flexibles. Ese esquema, que permitió a muchos generar ingresos en contextos difíciles, es justamente el que queda bajo presión con este tipo de fallos.
Axel Kicillof habría manifestado sus intenciones presidenciales.
Detrás de la decisión judicial se encuentra el modelo intervencionista que impulsa la gestión de Axel Kicillof. Bajo esta lógica, el Estado avanza sobre esquemas laborales más flexibles para forzarlos a encajar en estructuras altamente reguladas, incluso cuando eso implica desincentivar la generación de nuevas oportunidades de trabajo.
De consolidarse este camino, el impacto podría ser directo sobre el empleo: miles de repartidores quedarían fuera del sistema o verían reducidas sus oportunidades, perdiendo en muchos casos su única fuente de ingresos.