Durante la primera mitad del siglo XX, en medio de la desintegración del Imperio Otomano y el auge de los movimientos nacionalistas, surgió en Palestina una figura que marcaría profundamente el curso del conflicto árabe-israelí: Amin al-Husayni, el gran muftí de Jerusalén.
Más allá de su papel como líder religioso, al-Husayni fue un actor político decisivo, no solo en la configuración de la identidad palestina moderna, sino también como precursor de un islamismo radical que incorporó componentes violentos, antisemitas y antidemocráticos.
Al-Husayni fue uno de los principales opositores al establecimiento de un hogar nacional judío en Palestina. Desde las décadas de 1920 y 1930, encabezó disturbios y levantamientos violentos que provocaron la muerte de cientos de judíos en el Mandato Británico de Palestina.









