Por esa razón, algunos dirigentes de la Mesa prefirieron retrasar el paro, originalmente planeado para el 17 de octubre, con el fin de asegurar la participación de los choferes de colectivos de la UTA, quienes son claves para garantizar una paralización total del transporte y perjudicar a todo el país.
A pesar de esto, muchos integrantes de la Mesa Nacional del Transporte se mostraban desconfiados hacia los dirigentes de la UTA, quienes adoptan una postura más dialoguista, y sospechaban que utilizarían la conciliación obligatoria como excusa para no participar del plenario. Esto fue lo que finalmente ocurrió, lo que refuerza la idea de que la UTA no se sumará al paro del 30 de octubre.
La ausencia de la UTA fue impulsada en gran medida por el sector dialoguista de la CGT, cuyos líderes iniciaron gestiones ante los funcionarios libertarios para facilitar un acuerdo salarial y así evitar que la UTA se sume al paro nacional.
El paro del transporte fue promovido por el ala dura de la CGT, con figuras como Pablo Moyano, los aeronáuticos Pablo Biró y Juan Pablo Brey, y el ferroviario Omar Maturano, mientras que los sectores más moderados alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de Javier Milei la semana pasada y están tratando de que esta tregua se extienda a todos los gremios.
Aunque la fracción moderada de la CGT ya habría conseguido el apoyo de la UTA, su ausencia en el plenario sugiere que el paro del transporte podría no llevarse a cabo, gracias a las instancias de diálogo abiertas con funcionarios clave del Gobierno de Milei, como el jefe de Gabinete Guillermo Francos, el secretario de Trabajo Julio Cordero y el asesor presidencial Santiago Caputo.