La política argentina asiste a un espectáculo dantesco donde los protagonistas del proyecto nacional y popular ventilan sus miserias más profundas. El protagonista de este nuevo capítulo de descomposición es Luis D'Elía, un dirigente con un frondoso prontuario que incluye una condena de tres años y nueve meses de prisión por la toma de la Comisaría 24.ª en 2004 y una inhabilitación para ejercer cargos públicos por ocho años. Este personaje, que supo ser el brazo ejecutor del kirchnerismo en las calles, ha decidido ahora apuntar sus cañones contra quienes fueron sus jefes políticos.
La interna K ha pasado del murmullo a los gritos de guerra. Luis D'Elía arremetió con una ferocidad inusitada contra la ex presidente Cristina Kirchner, a quien no dudó en humillar públicamente al afirmar que sus decisiones actuales son producto de una degradación mental. Según el dirigente, la intención de la ex mandataria de imponer a su hijo en el poder es "un comentario de alguien que está totalmente gagá". Esta declaración no solo rompe el mito de la infalibilidad de la "jefa", sino que la expone como una figura fuera de la realidad, aislada en su propia soberbia dinástica.
Sin embargo, los ataques más virulentos fueron dirigidos hacia el heredero del trono, Máximo Kirchner. El líder de La Cámpora, a quien D'Elía calificó como un ñoqui eterno, fue retratado de la peor manera posible, vinculándolo con una vida de excesos y falta de compromiso con la gestión pública. Las cifras y descripciones aportadas por el piquetero son demoledoras:
Acusó a Máximo Kirchner de ser un "drogón" que mantiene un ritmo de vida disipado de lunes a domingo.
Detalló que el hijo de la ex presidente se encuentra "hasta las 5 AM con escabio, minitas y drogas".









