“Mi memoria puede fallar en las fechas y en algunos datos, pero no olvidaré jamás el hecho de abuso”, afirmó el denunciante, un pianista emergente en aquel momento. En su testimonio, contó que vivía con su abuela, ofrecía conciertos y tenía el sueño de impulsar su carrera musical. Para ello, se contactó con personalidades del ámbito mediático, entre ellas Marley, quien lo invitó a su domicilio. Según su relato, el conductor le compró un pasaje de avión y lo buscó en un auto de alta gama.
La denuncia, presentada ante la Justicia, incluye detalles de la vivienda del conductor y del comportamiento que habría tenido durante el presunto abuso. Aunque los hechos habrían prescripto penalmente, el denunciante solicita un juicio por la verdad y pericias psicológicas y psiquiátricas. También pidió recuperar su antigua cuenta de Facebook para presentar los chats como prueba.
Días antes, Adrián Alfredo Molina, de 44 años, ya había denunciado a Marley por corrupción de menores, acusándolo de hechos ocurridos cuando tenía apenas 17 años. Al igual que en el nuevo caso, solicitó un juicio por la verdad, ya que los delitos están prescriptos penalmente.
Este nuevo episodio no solo expone una falta total de sensibilidad frente a temas gravísimos como el abuso infantil, sino que confirma la existencia de un doble estándar moral: mientras ciertas expresiones son censuradas por considerarse “ofensivas” o “políticamente incorrectas”, otras, avaladas por el progresismo cultural, gozan de impunidad absoluta, incluso si rozan lo criminal. Pero en Luzu TV, el chiste pedófilo provocó risas. Y Marley, aún denunciado por abuso sexual, sigue cosechando aplausos.