En el año 2006, el gobierno de Néstor Kirchner protagonizó una criticada maniobra financiera al pagar la deuda que Argentina mantenía con el Fondo Monetario Internacional (FMI), utilizando fondos provenientes de una deuda mucho más cara tomada con Venezuela durante el mandato del dictador Hugo Chávez.
Según registros oficiales del Ministerio de Economía de aquel período, el régimen chavista adquirió bonos argentinos por al menos 5.600 millones de dólares, con tasas de interés que oscilaban entre 7,4% y 16%, muy superiores a la tasa promedio del FMI, que rondaba el 4-5,5%.
La operación, presentada en su momento como un logro del gobierno de Kirchner en términos de soberanía financiera, terminó generando un costo mucho mayor para el Estado argentino, obligando al país a pagar intereses tres veces más altos que los que habría abonado al FMI.












