La sucesión de Luis Almagro al frente de la Organización de Estados Americanos (OEA) ha dado inicio a una intensa disputa diplomática entre dos visiones opuestas para el futuro del organismo.
En el centro de esta competencia se encuentra el canciller paraguayo Rubén Ramírez, quien representa una postura alineada con la defensa de la democracia, la lucha contra el crimen organizado y el fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos.
Un candidato con respaldo y experiencia
Ramírez cuenta con una trayectoria sólida en la diplomacia y un enfoque claro en la defensa de los valores democráticos. Su visión se alinea con la agenda internacional de la administración republicana en la Casa Blanca. De hecho, el canciller paraguayo ha compartido encuentros con el expresidente Donald Trump en Mar-a-Lago y mantiene una posición firme contra las dictaduras de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Además, respalda la causa de Israel frente a los ataques de Hamas e Irán y se opone al avance de China en América Latina, consolidando a Paraguay como un aliado estratégico de Taiwán en la región.
El liderazgo de Ramírez también se traduce en su capacidad para articular consensos dentro de la OEA. Su programa de trabajo se enfoca en mantener un "diálogo permanente" con los Estados miembros y en garantizar los fondos necesarios para el funcionamiento del organismo multilateral.

Esto cobra especial relevancia en un contexto donde Estados Unidos ha decidido reorientar sus recursos hacia la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y el lavado de activos, relegando otras temáticas como el cambio climático y las cuestiones de género.
Ramdin, un amigo de las dictaduras de la región
El principal contendiente de Ramírez es Albert Ramdin, canciller de Surinam, quien sostiene una visión contraria a la del candidato paraguayo. Mientras Ramírez condena con firmeza a los regímenes autoritarios de la región y busca consolidar alianzas con Estados Unidos, Ramdin ha mantenido lazos con líderes como Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega, sin expresar críticas hacia sus gobiernos. Además, su relación con China y su falta de condena a los atentados terroristas de Hamas generan incertidumbre sobre la dirección que podría tomar la OEA bajo su mandato.










