En una jugada inexplicable, el intendente de San Francisco, Damián Bernarte, decidió municipalizar parte del servicio de recolección de residuos. Esto carga con aún más peso a las arcas públicas en vez de resolver el problema con austeridad y orden.
La medida, presentada como un “ahorro”, en realidad esconde una decisión política: no tocar la estructura de cargos, asesores y funciones duplicadas dentro del municipio. En vez de achicar el gasto político o modernizar el Estado, elige sumar más responsabilidades al ya limitado presupuesto local.
Con camiones y personal municipal, ahora el Estado se hará cargo de lo que hasta ahora realizaba una empresa privada. Pero lejos de representar una mejora, la decisión genera dudas: ¿tiene el municipio la capacidad real para cubrir más funciones?. ¿Por qué no se empieza ajustando donde más se gasta, que es en la política?

Un capricho político: gastar más para no tocar la propia casta municipal
En San Francisco hay una realidad incómoda: sobran cargos, se duplican funciones y se pagan sueldos que no siempre tienen correlato con la eficiencia. Sin embargo, la respuesta del gobierno local ante el desafío de sostener los servicios fue la misma de siempre: gastar más, en lugar de ordenar lo que ya se tiene.









