“El terrorismo político no reconoce fronteras y su combate tampoco puede hacerlo”, sentenció la SIDE a través de sus canales oficiales, resaltando que esta cooperación busca fortalecer los mecanismos internacionales de aplicación de la ley para contrarrestar redes violentas que operan de forma coordinada a escala global.
La cumbre, motivada por un diagnóstico alarmante del Departamento de Estado, reveló que la extrema izquierda ha sido históricamente el mayor motor de muerte en Occidente. Entre 1970 y 1980, estos actores fueron responsables del 93% de los atentados terroristas y del 58% de las muertes vinculadas a la violencia política.
Lejos de ser un problema del pasado, los datos actuales muestran un resurgimiento sangriento: desde 2016, los ataques han aumentado drásticamente en Estados Unidos y Europa.













