Por un lado, el desvío de fondos públicos y esfuerzos académicos hacia la militancia ideológica de izquierda en el ámbito universitario, como ocurrió con el impulso de campañas políticas como la de Lula Levy, la fallida candidata radical que, a pesar de tener el apoyo de todo el aparato de la UBA, ni siquiera logró entrar a la legislatura porteña.
Por otro lado, también se apunta al impacto de las medidas gremiales que, con múltiples jornadas de paro, reducen el ritmo y la calidad de la enseñanza en la universidad.
En este contexto, se recuerda también las numerosas "tomas" ilegales de militantes de izquierda a distintas facultades de la UBA hace algunos meses, algo que destruyó cuatrimestres enteros, para protestar contra el Gobierno de Javier Milei.













