Sin exponer a sus hijos ni mostrar escenas demasiado privadas, la rosarina dejó ver una celebración marcada por la calidez y la elegancia.
Uno de los focos estuvo puesto en la mesa navideña, pensada para recibir a varios invitados. Predominaron los tonos blancos y dorados, con vajilla clásica, copas de cristal y una ambientación iluminada por velas que aportaron un clima sofisticado y sereno.
En otra de las postales se destacaron los dulces típicos de la fecha: panettones artesanales y figuras de chocolate con motivos navideños, un guiño a las tradiciones que la familia mantiene año tras año.












