En las montañas Sayan del sur de Siberia, un hallazgo arqueológico del año 2014 sacó a la luz un entierro del siglo X que dista mucho de ser común. Durante las tareas previas a la construcción de una vía ferroviaria, se descubrieron decenas de tumbas, pero esta en particular llamó la atención de los investigadores por su contenido inusual.
Los restos correspondían a una mujer y a un recién nacido, acompañados por la columna vertebral de un ovino y el cráneo, las extremidades y la piel de un caballo. “Está bastante claro que este no es un entierro ordinario”, señaló Andrey Poliakov de la Academia de Ciencias de Rusia.
La mujer fue sepultada con un par de pendientes de bronce dorado, un espejo roto de manera ritual, un cuchillo de hierro y una tortera de piedra. El motivo de una vid enroscada con racimos de uvas en los fragmentos del espejo sugiere que el objeto pudo haber sido importado desde China.
Elementos equinos con influencias lejanas
Entre los artefactos más destacados se encuentran piezas de arneses de caballo que ya eran antigüedades en el momento del entierro. Un estribo, por ejemplo, presentaba decoraciones influenciadas por el arte chino, indio y persa. Según Oleg Mitko de la Universidad Estatal de Novosibirsk, los estribos decorados se usaban generalmente por los nómadas de las estepas en el lado izquierdo de la montura para fines ceremoniales.

Esta combinación de objetos resulta muy poco frecuente en la región. La presencia de elementos importados y reutilizados habla de conexiones culturales amplias que los habitantes de la zona mantenían hace más de mil años.









