Un equipo internacional de científicos, con liderazgo europeo, avanza en la construcción de AtLAST, un telescopio submilimétrico que permitirá observar lo que se esconde debajo de las densas nubes de polvo que “emborronan” gran parte del Universo desde el mayor proyecto astronómico del mundo.
Nadie borró medio cosmos, pero esas capas opacas impiden que la mayoría de los instrumentos vean con claridad las regiones donde se forman las estrellas. Mientras telescopios como ALMA se enfocan en zonas muy pequeñas del cielo, AtLAST funcionará como un gran angular capaz de abarcar áreas mucho más amplias.
El proyecto involucra a países como Chile, Sudáfrica, Canadá, Taiwán, Tailandia, Nueva Zelanda, Japón y Estados Unidos. Cuenta con una antena parabólica principal de 50 metros de diámetro y un espejo secundario de 12 metros, todo con una estructura reforzada de acero y paneles de aluminio.
Ventajas clave frente a otros observatorios
AtLAST se ubicará en el desierto de Atacama en Chile, a unos 5.000 metros de altura, el mismo lugar privilegiado donde opera ALMA. Allí, la atmósfera delgada, la falta de contaminación lumínica y el clima seco facilitan las observaciones submilimétricas.

La gran diferencia está en el campo de visión. Mientras ALMA, con sus 66 antenas, actúa como un microscopio que analiza regiones miles de veces más pequeñas que la Luna, AtLAST podrá captar de una sola vez un área equivalente a 16 lunas llenas. Esto lo convierte en una herramienta única para mapear grandes porciones del cielo.
Los telescopios submilimétricos detectan ondas con longitudes por debajo del milímetro, desde el infrarrojo lejano hasta las microondas. Son los únicos que penetran las nubes de polvo más densas. Aunque el James Webb puede ver algo en infrarrojo cercano y medio, no alcanza las longitudes de onda que maneja AtLAST.
Los secretos ocultos bajo el polvo
Bajo esas nubes se encuentran los viveros estelares, donde nubes de gas se colapsan y dan origen a nuevas estrellas. Observar estos procesos con mayor precisión permitirá entender mejor la evolución del Universo, el rol de la materia oscura en su expansión y hasta cómo podría surgir la vida en el espacio.
Se espera que AtLAST detecte hasta 50 millones de galaxias en apenas 1.000 horas de observación, algo que otros instrumentos no logran con la misma claridad al diferenciar unas galaxias de otras.
Otra característica destacada es su compromiso ambiental. Funciona con energías renovables, principalmente solar, almacenada en baterías de hidruro metálico. Además, aprovecha la energía cinética al frenar sus movimientos, similar a un vehículo híbrido, evitando el uso de combustibles fósiles. Incluso se minimizó la huella de carbono en la obtención del aluminio y el acero.
El futuro de las observaciones submilimétricas
Este telescopio marca solo el comienzo. Se prevé que para la década de 2040 haya varios instrumentos de este tipo operando. Aunque todavía no hay una fecha exacta de inicio, se estima que AtLAST podría comenzar a funcionar alrededor de la década de 2030 si todo avanza según lo planeado.
Cuando entre en operación, abrirá una nueva ventana para estudiar cómo se forman las estrellas y cómo ha evolucionado el cosmos. Los científicos esperan respuestas sobre procesos fundamentales que hasta ahora permanecían ocultos por esas molestas nubes de polvo interestelar.
El desierto de Atacama sigue consolidándose como uno de los mejores lugares del mundo para la astronomía, y proyectos como este refuerzan su rol clave en el avance del conocimiento del Universo.