El genoma de los humanos modernos guarda rastros de dos linajes extinguidos desconocidos, además de neandertales y denisovanos, que revelan una historia evolutiva de mezclas reiteradas.
Dos parientes humanos hasta ahora desconocidos dejaron huellas de su ADN en las personas que viven hoy. El hallazgo suma una capa más al legado genético que ya se conocía de neandertales y denisovanos, y refuerza la idea de que la evolución humana fue un largo proceso de encuentros y cruces entre distintas poblaciones de homininos.
Investigadores de la Universidad de California en Berkeley identificaron regiones concretas del genoma actual que provienen de estos ancestros sin nombre y estimaron cuándo ocurrieron los cruces. Para lograrlo usaron un método nuevo que analiza cientos de genomas de personas de todo el mundo y reconstruye las conexiones genealógicas antiguas entre sus secuencias de ADN.
Uno de esos grupos, al que los científicos llaman ancestro fantasma, se cruzó con los humanos modernos en África hace más de 50.000 años. El encuentro sucedió antes de la gran migración de Homo sapiens hacia Europa y Asia. El ADN heredado de este linaje representa alrededor del 1% del genoma humano actual, una proporción similar a la que dejaron los neandertales.
Este linaje se separó de los antepasados de los humanos modernos hace unos 800.000 años, casi al mismo tiempo en que neandertales y denisovanos se diferenciaron entre sí. Sin embargo, el intercambio genético con nuestra especie ocurrió antes que los contactos con neandertales y denisovanos fuera de África.
Un rastro presente en toda la humanidad
“Publicaciones anteriores sugerían que podía existir ancestría fantasma, es decir, de linajes arcaicos desconocidos en los humanos modernos, pero no habían concluido si esa ancestría estaba solo en africanos o no, ni cuándo ocurrió el evento de introgresión”, explicó Yulin Zhang, estudiante de posgrado de Berkeley y coautora principal del estudio. “Pudimos encontrar y mapear ubicaciones genómicas en humanos modernos que provienen de este linaje fantasma y mostrar que esta ancestría está en todos los humanos actuales, no solo en los africanos”.
Los investigadores también detectaron material genético de una población todavía más antigua, a la que denominan ancestro superarcaico. Este hominino descendía de un linaje de hace aproximadamente 1,8 millones de años y parece haberse cruzado con los denisovanos en Eurasia, probablemente hace más de 200.000 años. Más tarde, los denisovanos se mezclaron con Homo sapiens y así una pequeña porción de ese ADN superarcaico llegó a los genomas modernos.
“El hallazgo del superarcaico es especialmente interesante porque revela aportes genéticos de un linaje humano que vivió hace más de un millón de años, a pesar de que no contamos con ADN secuenciado de esa población”, señaló Arjun Biddanda, investigador postdoctoral de la Universidad Johns Hopkins y coautor principal.
En conjunto, los resultados indican que los primeros Homo sapiens convivieron con numerosos grupos humanos emparentados tanto en África como en Eurasia durante el último millón de años. Esas poblaciones eran lo suficientemente cercanas en el plano genético como para tener descendencia fértil y dejar rastros biológicos duraderos.
Una red de mezclas, no un árbol simple
“Con el ADN antiguo de neandertales y denisovanos y con estos nuevos métodos genealógicos estamos aprendiendo que la mezcla entre poblaciones humanas fue muy generalizada a lo largo del tiempo, y que es probable que también lo haya sido en escalas temporales antiguas”, afirmó Priya Moorjani, profesora asociada de biología molecular y celular en Berkeley. “A menudo pensamos la evolución humana como un árbol con ramas, pero los nuevos datos genómicos y los métodos analíticos revelan una historia mucho más interconectada: más bien una red compleja de poblaciones unidas por episodios repetidos de migración y mezcla”.
Todavía no se conoce la identidad exacta de estas poblaciones fantasma y superarcaica. Sin embargo, las fechas estimadas de separación coinciden con grupos de Homo del Pleistoceno medio que vivían en África hace unos 800.000 años y con poblaciones de Homo erectus en Eurasia hace alrededor de 1,8 millones de años, respectivamente.
El equipo de Zhang, Biddanda y Moorjani publicó los resultados el 30 de julio en la revista Science. El método que desarrollaron, llamado TRACE, permite rastrear aportes arcaicos a partir de genomas actuales, sin necesidad de fósiles con ADN preservado. Al reconstruir el grafo de recombinación ancestral, identificaron segmentos cuyo origen se remonta mucho más atrás en el tiempo que el de las poblaciones conocidas.
Así, aproximadamente el 2% del genoma humano moderno proviene de homininos arcaicos. En el caso del linaje fantasma, tanto africanos como no africanos heredaron proporciones similares, de entre 0,5 y 1% por persona. El señal superarcaico, en cambio, aparece principalmente dentro de segmentos de origen denisovano, especialmente en poblaciones de Oceanía, donde la ancestría denisovana puede llegar al 4%.