Sin embargo, según quedó probado, aprovechaba ese acceso privilegiado para apropiarse de datos personales y bancarios de los aprehendidos.
Durante la noche, revisaba billeteras y documentos que estaban bajo resguardo oficial, sacaba fotos de tarjetas y documentos con su celular y las enviaba por WhatsApp a su pareja.
Ella, desde su casa, realizaba compras online, transferencias a billeteras virtuales y recargas telefónicas.
En algunos casos, los fraudes se concretaron, y las víctimas terminaron pagando consumos ajenos.
En otros, los intentos quedaron frustrados por medidas de seguridad bancaria. Pero todos los episodios sumaron pruebas que terminaron siendo demoledoras.
El detalle que más llamó la atención de los investigadores fue que algunas de las fotos enviadas a Roldán tenían como fondo el libro de guardia de la comisaría, una imprudencia que dejó evidenciado que los datos habían sido obtenidos dentro de la dependencia policial.