Entre 2020 y 2024, las llamas destruyeron 630.000 hectáreas, un aumento alarmante frente a las 118.000 hectáreas quemadas entre 2015 y 2019. Esta situación refleja una crisis ambiental sin precedentes.
El Ministerio de Ambiente y Economía Circular incluyó áreas de manejo y conservación en sus reportes. Esto permite registrar impactos directos en zonas protegidas, donde se concentran grandes pérdidas de biodiversidad.














