La humorista no pudo contener la emoción en vivo y denunció que le quieren quitar la casa donde vive y hasta su nombre artístico tras 22 años de sociedad.
Fátima Florez no pudo contenerse y rompió en llanto en pleno aire al referirse a la batalla judicial que mantiene con su expareja y productor, Norberto Marcos. El momento ocurrió durante La Mañana con Moria, el ciclo que conduce en reemplazo de Moria Casán, y generó un silencio cargado de emoción entre el panel.
La humorista se refirió al conflicto por dos inmuebles y otros bienes de la sociedad que construyeron juntos a lo largo de 22 años. Aseguró que la situación se volvió cada vez más dolorosa y que el enfrentamiento legal la atraviesa de manera profunda.
Con la voz quebrada, recordó el esfuerzo que le costó armar su carrera. Contó que llegó a hacer tres funciones sin tiempo ni siquiera para comer y que se levantaba muy temprano para cumplir con móviles. “Con esto, por favor, no me estoy victimizando. Simplemente te digo que está a la vista de todo el mundo lo que he hecho”, aclaró, visiblemente afectada.
Insistió en que le quieren quitar la casa donde vive actualmente. “Y que me quieren sacar la casa donde vivo, mi casa donde vivo, por favor”, reiteró con lágrimas en los ojos. Subrayó que trabaja desde los 17 años y que nadie le regaló nada: “Me costó un huevo”.
El pedido de paz y el reclamo por su nombre
A pesar del dolor, Fátima reconoció el camino compartido con su ex. “Le soy agradecida a mi ex porque hemos hecho un camino juntos. Eso yo lo reconozco siempre”, afirmó. Sin embargo, pidió poner fin al conflicto: “Por el bien de todos, por favor, pongamos un paño de paz y seamos gente adulta”.
Durante la charla también aludió a otro punto que, según ella, podría haber influido en la postura de Norberto Marcos: su vínculo con Javier Milei. Se quejó de que se ponga en duda esa relación y de que se especule sobre si estaba armada o no. “Eso me parece un golpe bajo horrible”, sostuvo.
El momento más fuerte llegó cuando reveló que intentaron quitarle hasta su identidad artística. “A mí me quisieron sacar hasta el nombre. Me quisieron sacar hasta mi nombre. Averígüenlo”, lanzó, sorprendiendo a todos los presentes.
Cerró el tramo a flor de piel, recordando la preocupación que sintió en su momento. Dijo que pensó “¿cómo voy a hacer?” porque tiene un nombre artístico, pero que finalmente resolvió: “Y bueno, pondré mi cara y la gente sabrá quién soy”.
El desahogo de Fátima dejó en evidencia que la disputa va mucho más allá de los dos inmuebles. Se trata de años de trabajo conjunto, de una carrera construida con esfuerzo y de una identidad que hoy siente amenazada.
La conductora no evitó mostrar su vulnerabilidad frente a las cámaras. Cada palabra salió cargada de emoción y de un reclamo claro: que se respete lo que construyó con tanto sacrificio y que el conflicto se resuelva de manera adulta.
El episodio generó impacto inmediato entre quienes seguían el programa. La imagen de Fátima Florez llorando en vivo, mientras defendía su casa y su nombre, se convirtió en uno de los momentos más fuertes de la mañana televisiva.
Con la voz entrecortada y sin filtros, la humorista dejó claro que no está dispuesta a resignar lo que tanto le costó lograr. Y pidió, una vez más, que se ponga un freno a una pelea que ya lleva demasiado tiempo y demasiado dolor.