Hannie Schaft y las hermanas Oversteegen pasaron de repartir panfletos a ejecutar a colaboradores y soldados enemigos durante la ocupación alemana de su país.
Cuando las tropas alemanas invadieron Países Bajos el 10 de mayo de 1940, el país quedó bajo el control del Tercer Reich casi sin resistencia militar. El gobierno huyó a Londres y el ejército se rindió con rapidez. Bajo el mando del comisario Arthur Seyss-Inquart se impuso un régimen de censura, detenciones y persecución sistemática. Al final de la guerra, alrededor de 100.000 judíos holandeses habían sido deportados y asesinados, cerca del 75 por ciento de esa población. En los últimos meses se sumó una hambruna que cobró más de 20.000 vidas.
En ese contexto de opresión nació un movimiento de resistencia clandestino. Entre sus integrantes se encontraban tres jóvenes: Hannie Schaft, de 19 años en 1940, y las hermanas Truus y Freddie Oversteegen, de 16 y 14 respectivamente cuando cayó el país. Las tres crecieron en un entorno de compromiso político.
La madre de las Oversteegen las había llevado a repartir proclamas a favor de la República española y a coser muñecas para niños huérfanos de esa guerra. Hannie estudiaba Derecho y se negó a jurar lealtad al régimen nazi, lo que le costó la expulsión de la universidad.
Al principio la resistencia las recibió con desconfianza. Les asignaron tareas menores: distribuir panfletos, pegar proclamas y ayudar a esconder refugiados judíos. Ellas no se conformaron. Aprendieron a manejar armas, realizaron sabotajes de trenes y colocaron explosivos en un puente. Superaron esas pruebas y exigieron mayor participación.
La primera acción violenta fue contra un holandés que delataba escondites de judíos. Hannie Schaft y las hermanas lo siguieron hasta un parque. Ella lo llamó por su nombre para confirmar su identidad, sacó un arma del abrigo y le disparó. El hombre cayó muerto sobre el césped. Poco después, Freddie, la menor, mató a una mujer que había confeccionado la lista de judíos de Haarlem para su deportación.
Una estrategia basada en la juventud y la confianza
Las tres desarrollaron un método que aprovechaba su aspecto joven e inocente. Seguían a los objetivos hasta una taberna, entablaban conversación y flirteaban. Una vez ganada la confianza, los invitaban a continuar la charla en un bosque cercano. Apenas se alejaban de testigos, los ejecutaban. Mataron soldados y oficiales nazis, pero el blanco principal fueron los colaboradores holandeses que delataban a judíos o detenían a compatriotas.
Se calcula que entre las tres eliminaron a más de 200 hombres. El ambiente de requisas constantes, torturas y ejecuciones hacía que cualquier error costara la vida. Su juventud las ayudaba a pasar desapercibidas y a ganar la confianza de los jefes de la resistencia, que necesitaban gente dispuesta a actuar sin paralizarse por el miedo.
Oficiales de las SS
Años después, las hermanas Oversteegen reconocieron los hechos. Cuando les preguntaban por qué habían matado, respondían que lo hicieron para proteger a su gente y a su tierra. “Nadie le pregunta a un soldado por qué dispara”, afirmaban. La guerra las había transformado y ellas habían decidido pelear con las mismas reglas que el enemigo.
La historia de Hannie Schaft y las hermanas Oversteegen muestra cómo tres adolescentes, al principio subestimadas, se convirtieron en una de las células más efectivas de la resistencia holandesa. Su decisión de pasar a la acción directa dejó una marca indeleble en la lucha contra la ocupación nazi.