En las profundidades del océano Atlántico Norte y en las gélidas aguas del Ártico habita un depredador que desafía todo lo que se conoce sobre la longevidad animal. El tiburón de Groenlandia puede superar los 400 años de vida y alcanza la madurez sexual recién alrededor de los 150. Ese ritmo biológico tan particular lo convierte en uno de los vertebrados más longevos que la ciencia ha podido documentar.
Su metabolismo funciona a un ritmo extremadamente lento, consecuencia directa de vivir en ambientes con temperaturas muy bajas. Ese metabolismo reducido explica por qué crece apenas un centímetro por año y por qué tarda tanto en desarrollarse. Los investigadores determinaron su edad mediante la datación del cristalino de los ojos, un método que permitió establecer que algunos ejemplares alcanzan varios siglos de existencia.











