Incluso desde el Vaticano, el papa Francisco no perdió el contacto con sus raíces. Jorge Mario Bergoglio mantuvo una fuerte conexión con su familia, tanto en Argentina como en Italia, hasta los últimos días de su vida.
A los 88 años, el pontífice falleció, dejando tras de sí no solo una huella espiritual, sino también un vacío personal en sus seres queridos. Carla Rabezzana, su prima de 93 años que vive en Portacomaro, recordó su última conversación con él. “Le dije que tenía un pie roto y me respondió: ‘Menos mal que no te has roto la cabeza’”, relató entre lágrimas. A lo largo de los años, siempre lo llamó “Giorgio”.
De Portacomaro a Roma: un lazo familiar intacto
Portacomaro, en la provincia de Asti, fue el punto de partida de los abuelos del papa en 1929, rumbo a Argentina. Desde allí, Carla conservó con él una relación directa y afectuosa. A pesar del paso del tiempo y de su papel como sumo pontífice, las llamadas, bromas y consejos no cesaron. “Cuídate”, fueron sus últimas palabras en su charla más reciente.













