Estaba prófugo desde que su nombre surgió como el presunto autor intelectual del triple crimen narco de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, las jóvenes halladas brutalmente descuartizadas en una vivienda de Florencio Varela.
Su caída se produjo gracias a un dato inesperado: la colaboración de su última pareja, quien lo delató ante las autoridades.
El nombre real de Pequeño J es Tony Janzen Valverde Victoriano
El operativo se inició el jueves pasado, cuando investigadores bonaerenses dieron con una vivienda que “Pequeño J” alquilaba en el conurbano, en un complejo habitacional vinculado a una de sus novias.
Allí se montó un primer intento de captura que estuvo muy cerca de concretarse. “Llegamos tres horas después de que él se fuera del lugar. Casi lo agarramos en ese momento”, reveló el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, en diálogo con Todo Noticias.
En ese domicilio, los agentes hallaron documentos, una pistola, municiones y prendas que pertenecerían al sospechoso. Pero lo más relevante fue el testimonio de la joven con la que mantenía una relación, quien no sólo aportó detalles sobre sus movimientos, sino que entregó el celular que estaba utilizando.
Pequeño J se había nacionalizado argentino
Ese dispositivo fue clave: permitió a los investigadores colocar el número en escucha directa y, a partir de las antenas de geolocalización, reconstruir en tiempo real su ruta de escape.
Gracias a la intervención del teléfono, la policía bonaerense supo que “Pequeño J” se estaba desplazando hacia la frontera.
A la par, los agentes lograron también interceptar el celular de Matías Ozorio, su mano derecha y también con pedido de captura internacional. La escucha permitió descubrir que ambos se estaban comunicando para concretar un encuentro, ya en suelo peruano.
Fue entonces cuando las autoridades argentinas compartieron la información con la policía antidrogas de Perú, que continuó con el seguimiento en coordinación con la fuerza bonaerense.
“Mientras ellos los rastreaban allá, nosotros seguíamos escuchando las conversaciones. Así identificamos el punto exacto de encuentro”, explicó Alonso. Fue allí donde capturaron a Ozorio.
Tras detener a su mano derecha, la policía peruana montó una operación encubierta. Utilizaron el celular de Ozorio para continuar la conversación con “Pequeño J” y simular que la reunión seguía en pie.
El narcotraficante cayó en la trampa: acudió al lugar sin saber que su cómplice ya estaba tras las rejas. Fue interceptado y reducido por las fuerzas especiales, que lo trasladaron de inmediato a disposición judicial.