Un portero cordobés de 51 años se convirtió en profesor tras esfuerzo y perseverancia
Sebastián Vázquez fue portero en una escuela de Pilar
porLeonel Elokdi
sociedad
Sebastián Vázquez trabajó más de dos décadas como portero en Pilar y hoy enseña Historia en cinco colegios de la región.
Durante 23 años, Sebastián Vázquez fue portero en una escuela de Pilar donde saludaba alumnos, limpiaba pizarrones y cuidaba los pasillos. Siempre soñó con pararse frente a un aula y explicar lo que lo apasionaba, aunque parecía imposible tras abandonar el secundario en tercer año. Con apenas un ingreso modesto, trabajó desde joven en oficios diversos y conoció de cerca la necesidad.
En 2014, con 41 años, decidió volver a estudiar y terminó el secundario en un Cenma para adultos de su ciudad natal. Allí descubrió que la Historia lo atrapaba con fuerza y conoció a su mayor inspiración, el profesor Daniel Mare. Animado por ese ejemplo, rindió el ingreso a la carrera de Historia en la UNC y logró aprobar el cursillo con nota perfecta.
Su vida se volvió un desafío diario: portero por la mañana y estudiante por la tarde, viajaba a Córdoba entre obligaciones laborales y familiares. El esfuerzo fue enorme, con noches de estudio interminables, hospitales por la enfermedad de su madre y la pérdida de su padre. Sin embargo, no bajó los brazos y avanzó con la convicción de que estaba cumpliendo un sueño.
Sebastián con su madre, y con el título de la UNC recién obtenido
Del oficio de portero al título universitario
En siete años de carrera rindió once finales en cuatro turnos y hasta dos en un mismo día, demostrando disciplina y constancia. “Me hice el regalo de estudiar”, recuerda con emoción, consciente de que el esfuerzo personal fue clave en cada logro. El día de su graduación lo acompañaron su madre recién operada y su profesor Mare, quienes simbolizan los pilares de su camino.
Ya con su título debutó como profesor en el Cenma de Villa del Rosario, donde los nervios lo paralizaron antes de bajarse del colectivo. Reconoce que al principio le costaba asumirse docente, pero poco a poco encontró su estilo frente al aula. “El aula me forjó un nuevo carácter”, afirma, convencido de que la docencia lo transformó.
De aquellos años como portero guardó aprendizajes al escuchar cómo enseñaban otros maestros y hoy intenta aplicar esas lecciones con sus alumnos. Su referencia más clara sigue siendo Mare, a quien procura emular con compromiso y entusiasmo. Su trayectoria demuestra que la educación es una herramienta de superación incluso cuando parece que las oportunidades ya no están.
Sebastián dando clases en uno de los 5 colegios a donde enseña
Un presente dedicado por completo a la enseñanza
Aun recibido, durante cinco años continuó siendo portero mientras daba clases en paralelo, hasta que un preinfarto lo obligó a dejar esa rutina. Hoy enseña en cinco colegios de Río Segundo, Costa Sacate y Villa del Rosario, donde es querido por sus alumnos y colegas. “El aula me da todo”, asegura con convicción, orgulloso de haber elegido este camino.
Su apodo ahora es “el contento”, porque transmite alegría y entusiasmo en cada clase y en cada charla con la comunidad educativa. Aunque reconoce que sus ingresos son menores a los que percibía como portero, afirma que no cambiaría por nada estar frente a sus alumnos. “Después, las familias y los alumnos me retribuyen con su cariño”, destaca.
Pasó de abrir puertas y limpiar pizarrones a enseñar Historia, alcanzando un sueño que parecía vedado años atrás. Sebastián representa el mérito, el esfuerzo y la superación personal, valores que le permitieron cambiar su vida. “Cada tanto me detengo y pienso: mirá hasta dónde llegué”, confiesa sonriente, orgulloso del camino recorrido.