Durante 23 años, Sebastián Vázquez fue portero en una escuela de Pilar donde saludaba alumnos, limpiaba pizarrones y cuidaba los pasillos. Siempre soñó con pararse frente a un aula y explicar lo que lo apasionaba, aunque parecía imposible tras abandonar el secundario en tercer año. Con apenas un ingreso modesto, trabajó desde joven en oficios diversos y conoció de cerca la necesidad.
En 2014, con 41 años, decidió volver a estudiar y terminó el secundario en un Cenma para adultos de su ciudad natal. Allí descubrió que la Historia lo atrapaba con fuerza y conoció a su mayor inspiración, el profesor Daniel Mare. Animado por ese ejemplo, rindió el ingreso a la carrera de Historia en la UNC y logró aprobar el cursillo con nota perfecta.
Su vida se volvió un desafío diario: portero por la mañana y estudiante por la tarde, viajaba a Córdoba entre obligaciones laborales y familiares. El esfuerzo fue enorme, con noches de estudio interminables, hospitales por la enfermedad de su madre y la pérdida de su padre. Sin embargo, no bajó los brazos y avanzó con la convicción de que estaba cumpliendo un sueño.












