Arqueólogos de la Universidad de Stavanger reabren un túmulo de Karmøy y hallan restos vegetales de hace casi 1.200 años junto a indicios de un sepulcro mucho más antiguo.
En la isla de Karmøy, al oeste de Noruega, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Stavanger comenzó a excavar el túmulo de Grønhaug, un sitio que ya había llamado la atención de los investigadores en 1902. Más de un siglo después, los especialistas reabrieron el montículo con la expectativa de ampliar los hallazgos de aquella primera intervención, cuando se extrajeron fragmentos del casco de un barco.
Durante los trabajos actuales recuperaron restos de remaches de hierro pertenecientes a la embarcación y analizaron una capa de corteza de abedul que podría haber funcionado como un tipo de piso dentro de la tumba. Las dataciones dendrocronológicas y por radiocarbono de materiales extraídos en excavaciones previas ubican la construcción del túmulo alrededor del año 864, en los inicios de la Era Vikinga.
Al llegar al nivel del suelo original, los investigadores se encontraron con materia orgánica de vegetación que tiene casi 1.200 años de antigüedad. La preservación resultó tan extraordinaria que permitió observar detalles botánicos casi intactos.
“El entierro estaba tan bien conservado que pude ver plantas de arándano y brezo que crecían ahí cuando construyeron el túmulo en la Era Vikinga”, relató la arqueóloga Marie Ødegaard. “Las plantas todavía tenían hojas”.
Un hallazgo más antiguo bajo el montículo
Al continuar la excavación por debajo de esa capa vegetal, el equipo descubrió un cairn de piedras rodeado por un anillo de rocas. Según Ødegaard, esta estructura apunta a un sepulcro de la Edad de Bronce, mucho anterior al entierro vikingo que cubrió el lugar siglos después.
El hallazgo refuerza la idea de que algunos montículos funerarios de la región fueron reutilizados o superpuestos a espacios sagrados más antiguos. La superposición de rituales a lo largo del tiempo es un fenómeno conocido en la arqueología escandinava, aunque los detalles concretos de cada sitio suelen sorprender.
La intervención actual busca no solo recuperar información sobre el barco y el ritual vikingo, sino también entender cómo se eligió ese emplazamiento concreto. La presencia de un cairn de la Edad de Bronce sugiere que el lugar ya tenía un significado funerario o ceremonial antes de que los vikingos levantaran su propio túmulo.
Los trabajos continúan con la expectativa de documentar con precisión la secuencia estratigráfica y de proteger los restos orgánicos, que constituyen una evidencia rara por su grado de conservación. La combinación de dataciones absolutas y el análisis de la vegetación permite reconstruir con mayor nitidez el momento en que se cerró el montículo.
Continuidad ritual en el paisaje
El caso de Grønhaug se suma a otros ejemplos en los que estructuras funerarias de distintas épocas se superponen en el mismo punto del paisaje. En este sitio, la decisión de construir un entierro de barco sobre un cairn más antiguo podría responder tanto a razones prácticas como a la voluntad de apropiarse de un lugar ya cargado de memoria.
Los investigadores destacan que la excelente preservación de las plantas ofrece una ventana directa al entorno natural del siglo IX. Poder observar hojas todavía adheridas a los tallos es un dato poco frecuente y de gran valor para los estudios paleoambientales.
Al mismo tiempo, la identificación del cairn como posible tumba de la Edad de Bronce abre nuevas preguntas sobre la duración y el carácter de los usos funerarios en Karmøy. Futuros análisis de los materiales y de la disposición de las piedras permitirán confirmar o matizar esa interpretación preliminar.
Por ahora, el equipo de Stavanger avanza con cautela para no alterar los restos más frágiles. El objetivo es documentar cada capa antes de extraer información que permita comprender mejor la secuencia de ocupaciones y rituales que se sucedieron en ese mismo punto del terreno durante más de un milenio.