La Justicia emitió una orden de captura nacional e internacional contra él y su presunto cómplice, Matías Agustín Ozorio (28), quien sería su mano derecha en la organización criminal. Las autoridades aseguran que Valverde es el líder de una estructura narco con vínculos internacionales y una lógica de violencia extrema. “No tiene códigos. Disciplinar con sangre es parte de su manual”, advirtieron fuentes cercanas a la causa.
Su nombre real es Tony Janzen Valdeverde Victoriano
El rostro detrás del horror
Por estas horas, “Pequeño J” es el hombre más buscado del país. La decisión de hacer pública su imagen busca acelerar su captura. La foto, que forma parte del expediente judicial, fue obtenida tras un operativo en el que se allanó un búnker en el barrio porteño de Barracas. En el lugar, la policía encontró trampas electrificadas caseras y un mensaje manuscrito dirigido a los efectivos: una amenaza velada, típica del narco que construyó su reputación a base de terror.
Valverde nació en La Libertad, Perú, y desde su adolescencia habría iniciado su camino en el narcotráfico. Su capacidad de liderazgo, combinada con una brutalidad precoz, lo posicionó rápidamente como jefe de una célula delictiva. Para los investigadores, fue él quien ideó la macabra emboscada con la que engañaron a las tres jóvenes de Ciudad Evita con la promesa de una fiesta.
Según reconstruyó la Justicia, las víctimas fueron llevadas hasta una vivienda en Florencio Varela donde fueron golpeadas, torturadas y asesinadas. La secuencia, lejos de mantenerse en la clandestinidad, fue transmitida en vivo a través de un grupo cerrado de Instagram, lo que refuerza la hipótesis de que se trató de un mensaje mafioso para disciplinar a integrantes de su red que podrían haberlo traicionado.
Las tres victimas fueron desfiguradas por el líder peruano de la banda narco
El nivel de premeditación, la frialdad con la que actuaron y la crueldad del hecho impactaron incluso a los investigadores más experimentados. “No fue un crimen por impulso. Fue una ejecución con fines de control interno. Un ajuste de cuentas que busca infundir miedo”, explicaron desde la fiscalía.