Dos hombres vestidos de traje se saludan con un apretón de manos y sonríen mientras otras personas observan en el fondo
ECONOMÍA

Industria uruguaya reduce drásticamente planes de inversión

El rotundo fracaso del modelo batllista.

La Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) ha revelado en su Encuesta Anual de Inversión Industrial que las empresas del sector proyectan una alarmante reducción del 43% en sus planes de inversión para 2026, en comparación con lo planificado para 2025. Este desplome refleja un clima de desconfianza y estancamiento, debido principalmente a la menor adquisición de maquinaria y equipos, un pilar esencial para el crecimiento industrial.

La encuesta, realizada entre septiembre y octubre de 2024 con la participación de 80 empresas, expone un escenario de parálisis económica que pone en evidencia el fracaso de las políticas continuistas impulsadas por los gobiernos de Luis Lacalle Pou y Yamandú Orsi.

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Las restricciones de la demanda interna, la baja rentabilidad de los proyectos y el aumento de conflictos laborales son los principales obstáculos señalados por los industriales. La demanda interna, mencionada como barrera por el 64% de los encuestados en años previos, sigue siendo un freno que ni el gobierno de Lacalle Pou ni el de Orsi han sabido abordar.

Cuatro hombres sentados en una mesa de reuniones conversan y sonríen en una oficina moderna con plantas al fondo
Vallcoba, Oddone, Orsi, Sánche. | Redacción

La baja rentabilidad es el resultado de un entorno asfixiado por regulaciones y costos que desalientan la iniciativa privada, mientras que la conflictividad laboral, que alcanzó un 38% de menciones en 2025, refleja la incapacidad de las autoridades para fomentar un clima de cooperación entre empresas y trabajadores.

Los gobiernos de Lacalle Pou y Orsi, con su enfoque timorato y falta de reformas audaces, han perpetuado un modelo económico que reprime la libertad empresarial. La persistencia de trabas burocráticas y la ausencia de incentivos claros para la inversión han generado un entorno donde las empresas prefieren postergar proyectos antes que arriesgar capital en un mercado estancado.

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En cuanto a los instrumentos de apoyo, la Ley de Inversiones (Comap) es utilizada por el 44% de las empresas, pero su impacto es limitado frente a un sistema que no fomenta la competencia ni reduce las distorsiones creadas por el Estado. Otros mecanismos, como el Fondo Industrial, la ANII y el Inefop, apenas alcanzan un 4% de uso, mientras que un alarmante 44% de las empresas no recurre a ningún instrumento de promoción.

Esto evidencia la desconexión entre las políticas públicas y las necesidades reales del sector, así como la falta de un entorno que premie la iniciativa individual y la eficiencia.

Esta reducción en la inversión no es un fenómeno aislado. En 2020 y 2023, la CIU reportó reducciones del 15% y 14%, respectivamente, también por menores inversiones en maquinaria y equipos. Esta tendencia, agravada bajo la gestión de Lacalle Pou, pone al descubierto un problema estructural: la falta de un marco que permita a los empresarios actuar libremente, sin las cadenas de un Estado que interfiere más de lo que facilita.

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La situación actual es un grito de alerta sobre el rumbo económico del país. La retórica de Lacalle Pou y Orsi, centrada en mantener el status quo, ignora la necesidad de liberar al mercado de restricciones innecesarias y de reducir la carga estatal que sofoca a las empresas.

Sin un cambio radical que priorice la libertad económica y la iniciativa individual, el sector seguirá languideciendo.

Para revertir este declive, Uruguay necesita políticas que eliminen trabas, reduzcan impuestos y permitan a los empresarios operar sin temor a intervenciones arbitrarias. La confianza no se recupera con promesas vacías, sino con un entorno donde el mercado pueda florecer sin restricciones.

Mientras Lacalle Pou y Orsi insistan en un continuismo que ignora estas realidades, la industria seguirá pagando el precio de su falta de liderazgo.

La Encuesta Anual de Inversión Industrial de la CIU es un reflejo crudo de un modelo económico agotado. Sin una reorientación hacia la libertad de mercado y la reducción del peso del Estado, el sector industrial uruguayo continuará su declive, comprometiendo el futuro económico del país. La responsabilidad recae directamente en quienes, desde el poder, han elegido la complacencia sobre la acción.

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