Uruguay, aquel país pequeño de Sudamérica. Beneficiado por tierras fértiles, múltiples accesos a ríos, con un potencial de producir servicios bestial, pero que crece a cuenta gotas.
Este final no es casualidad, sino que es producto de un modelo batllista, que si bien ha tenido parches para alargar su vida, está en agonía. Dicho modelo permite a los políticos repartir el poder mientras mantienen la fantasía de estabilidad para los ciudadanos.
Quizás también te interese... una mirada crítica sobre el sistema de reparto jubilatorio, otra herencia del mismo entramado estatista que ahoga al sector productivo.
No hace falta mencionar lo que sucedió hace poco, dos féminas de los partidos tradicionales consiguiendo un puesto para los próximos 5 años. Porque si bien el poder cambia de manos, siempre hay un remanente para todos.
Otro ejemplo de los repartos son los cargos mal llamados de control en los entes y organismos descentralizados. Caso ejemplar es el del hijo de Sanguinetti (su padre, principal impulsor del modelo), que siempre termina en alguna oficina con aire acondicionado a gusto.








