Durante esta semana presenciamos el regreso de los chicos a las aulas, ante el reinicio de la actividad lectiva. Quienes durante nuestro paso por la Niñez y la Adolescencia, concurrimos al Colegio o a la Escuela en el turno de mañana, seguramente recordaremos el ritual que cumplíamos todos los días, antes de iniciar la actividad lectiva. El mismo consistía en el riguroso Izamiento de la Bandera, mientras entonábamos la “Canción Patria” Aurora. Esta misma ceremonia se recrea, nuevamente, a diario, a lo largo de todos los establecimientos educativos de la Patria.
En mi caso puntual, entonar esta canción, en aquel entonces, me resultaba fastidioso, tal vez motivado por el hecho de tener que amanecer tan temprano, sumado al desgano propio del estudiante, de comenzar la jornada lectiva, y a la rutina que simbolizaba el izamiento de la Bandera, mientras cantábamos esa “Canción”, que nunca llegamos acabadamente a entender en su letra, y tal vez en su espíritu; pero que había que entonar igual… Pues así eran las normas del Colegio…

Debo admitir que – estimo por los motivos expuestos -, hasta había llegado a tomarle cierta antipatía a Aurora, y que la misma no me inspiraba demasiado ni tampoco me inflamaba de sentimiento Patrio. Después, concluidos los estudios secundarios, y con ellos la pesada carga matutina; ví como una especie de alivio librarme de ese ‘tormento’; y me alejé (pensaba que definitivamente) de “Aurora”.
Mi reencuentro con “Aurora” tuvo lugar bastantes años después, en ocasión de asistir a escuchar a Darío Volonté, un reconocido joven tenor argentino, y veterano de Malvinas. No sin cierta sorpresa advertí que, en el programa figuraba “Aurora” como cierre de la actuación del magnífico tenor.
Al principio acepté con resignación y cierta perplejidad su inclusión en el programa, y me relajé, intentando disfrutar del espectáculo. Cuando llegó el turno de entonar Aurora; no sé muy bien si se trató del fervor con el cual la entonó Darío, en homenaje de sus camaradas de Malvinas, o las reminiscencias de mis años estudiantiles, o el sentimiento patrio que los años transcurridos habían hecho surgir en mí; pero la cuestión es que su interpretación impactó fuerte en mi espíritu, y hasta admito que me llegó a emocionar.
Sin temor a equivocarme, creo que Darío Volonté significó mi reconciliación definitiva, hasta el día de hoy, con “Aurora”, la “Canción” que, hasta ese momento, muchos pensábamos que había sido especialmente compuesta para acompañar el izamiento de la Enseña Patria.
Fue con bastante posterioridad que conocí que en realidad, “Aurora” no se trataba únicamente de una simple “canción”; sino que era el nombre de una “Opera”, que en ocasión del “Centenario”, el Gobierno Nacional había encomendado su composición, en el marco de los festejos que se iban a celebrar en 1910.
Nuestro compatriota Héctor Panizza (1875-1967) estuvo a cargo de componer la música de “Aurora”. Panizza era un prestigioso compositor que había estudiado en Milán y dirigió orquestas en la Scala de esa ciudad, junto con Toscanini, en el Liceo, de Barcelona, o la Opera Cómica de París, entre otros coliseos de nivel internacional.

Héctor Panizza
El libreto (la letra) de la Opera estuvo a cargo del italiano Luigi Illica, que era muy famoso, ya que había sido también el autor de los textos de la mayoría de las óperas de Puccini, como lo fueron: Tosca, Madame Butterfly y la Bohème. La conclusión inmediata y paradójica de ello fue que la “Opera Patria” argentina fue compuesta para ser cantada TOTALMENTE en italiano.
Como vemos, se trató de un equipo de lujo y cumplieron acabadamente su cometido. La Ópera se estrenó en el Teatro Colón, de Buenos Aires, el 5 de Setiembre de 1908 y la orquesta fue dirigida por el propio maestro Héctor Panizza. En su estreno, tuvo un éxito abrumador; siendo ovacionados sus autores por el público concurrente, y obteniendo una excelente crítica en los medios de la época.

El aria principal de la ópera se conocía originariamente como “Alta en el Cielo”; y tuvo un éxito tan rotundo, que los intérpretes la repetían al concluir cada actuación, a pedido del público. Esa aria, con el tiempo se transformó en la “Canción a la Bandera”, primero, y en “Aurora”, después, sustrayéndole definitivamente el nombre de la ópera, a la cual pertenecía.
La ópera Aurora trata sobre una heroína del mismo nombre y además, simboliza el amanecer de una nueva Nación; toda vez que la acción se sitúa durante Mayo de 1810, pero no en Buenos Aires, donde había tenido lugar la Revolución; sino, curiosamente en Córdoba.









