Además, estima que más de 50.000 personas fueron detenidas durante la represión.
Vigilancia permanente sobre las protestas
Antes de la escalada militar en Medio Oriente, organizaciones de derechos humanos habían advertido que el régimen intensificó la vigilancia sobre posibles protestas.
Los informes describen manifestaciones breves y dispersas, organizadas para evitar la fuerte presencia de fuerzas de seguridad.
También se registró el uso de drones de vigilancia y un despliegue permanente de fuerzas policiales en zonas donde suelen concentrarse las protestas.
Este esquema busca impedir que el descontento social se transforme nuevamente en movilizaciones masivas contra el régimen.
Khamenei había reconocido el malestar social
Semanas antes de su muerte, el líder supremo del régimen iraní, Ali Khamenei, admitió que existe malestar social por la situación económica.
El ayatollah reconoció que comerciantes y trabajadores enfrentaban dificultades debido a las sanciones internacionales.
“Los comerciantes protestan contra esta situación y eso es completamente justo”, afirmó.
Sin embargo, también dejó claro que el régimen no tolerará lo que considera disturbios.
“A esos hay que ponerlos en su sitio”, advirtió.











