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África

Encontraron muertos a más de 60 inmigrantes clandestinos en Mozambique

En la madrugada del martes 24 de Marzo se hallaron a 64 inmigrantes muertos y 14 vivos dentro del remolque de un camión en la provincia de Tete, Mozambique. Según las autoridades sanitarias locales el motivo aparente de las muertes es asfixia.

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El hecho tuvo lugar en el centro de la provincia de Tete, Mozambique, donde las autoridades locales detuvieron el camión en un puesto de control y, al escuchar golpes provenientes del contenedor, se encontraron con esta situación inhumana: 64 cadáveres y 14 personas desnutridas y agonizantes, que habían intentado escapar de la pobreza extrema.

El conductor del camión declaró que un individuo le ofreció dinero por trasladar 25 personas desde Malawi en un contenedor sin ninguna ventilación hasta Mozambique. Él y su intermediario en Malawi ya fueron detenidos, según el portavoz policial Orlando Mudumane.

Los muertos han sido enterrados el miércoles en un cementerio local y los sobrevivientes están siendo atendidos por médicos de la ciudad, siendo testeados por coronavirus y otras enfermedades que podían tener los cadáveres.

Puesto fronterizo “Giriyondo”, entre Mozambique y Sudáfrica
Mozambique es una ruta de tránsito principal para los inmigrantes con destino en Sudáfrica, la economías más grande del continente después de Nigeria. Por Mozambique pasan las rutas de los migrantes de Etiopía, Tanzania, Malawi y todos los países subsaharianos del Este del continente. En lo que va del año, ya 200 inmigrantes ilegales han sido detenidos solo en la provincia de Tete, limítrofe a Malawi.
A su vez, en Mozambique un hombre de 75 años que volvió de Inglaterra dió el primer positivo por coronavirus del país. El argentino misionero allí, Juan Gabriel Arias, expresó su preocupación por lo precario del sistema de salud del país ante un virus como el COVID-19, afirmando: “si se propaga, va a ser un desastre. Vamos a morir muchos.”


Por Nicolás Promanzio para La Derecha Diario.

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Burkina Faso

Segundo golpe de Estado en Burkina Faso en 8 meses: Se consolida el giro hacia la esfera de influencia rusa

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Luego de solo 8 meses desde el golpe de estado del teniente coronel Paul-Henri Samaogo Damiba, el capitán Ibrahim Traoré toma control del Gobierno y promete aliarse con Rusia para vencer al yihadismo.

Un grupo de militares encabezados por el capitán Ibrahim Traoré ha dado este viernes un golpe de Estado en Burkina Faso, derrocando al presidente de facto, el teniente coronel Paul-Henri Samaogo Damiba, quien a su vez llegó también había llegado al poder mediante otro golpe militar el pasado 24 de enero.

Traoré es la cabeza de la nueva Junta Militar, y se han suspendido a todos los funcionarios del actual gobierno y las garantías constitucionales, según han informado este viernes por la tarde a través de un comunicado leído en la televisión pública RTB. Los oficiales también han decidido cerrar las fronteras hasta nuevo aviso y decretar un toque de queda entre las 21:00 y las 5:00 horas.

Al igual que en el golpe de Estado de enero, los militares han justificado su alzamiento por “el deterioro de la situación en materia de seguridad”, en referencia a la creciente violencia yihadista que se extiende por el país.

Pero además los militares que tomaron el poder, le recriminan al teniente coronel Damiba que no sacó a Burkina Faso de la esfera de influencia de los Estados Unidos y Europa, como había prometido cuando llevó a cabo el golpe.

Miembros de la nueva Junta leen el comunicado del nuevo dictador en la televisión pública RTB.

Damiba tomó control del Gobierno el pasado 24 de enero tras protagonizar un golpe de Estado contra el presidente Roch Marc Christian Kaboré, quien había sido electo democráticamente y era aliado de Occidente.

La llegada de los militares al poder constituyó un fuerte acercamiento a Rusia, como viene ocurriendo en varios países del oeste de África, pero el giro no había sido lo suficientemente rápido para algunos de los más influyentes generales del flamante régimen.

La degradación de la situación en materia de seguridad que amenaza las bases de nuestra nación y la incapacidad manifiesta del poder para unir a los burkineses y hacer frente a la situación” fue el motivo esgrimido en enero.

Sin embargo, ocho meses después la situación en materia de seguridad se ha seguido deteriorando a un ritmo alarmante. La mitad del país está fuera del control del Estado y en ellas campan a sus anchas grupos armados que se dedican al robo, la extorsión, el secuestro de civiles y el cobro de impuestos de manera paralela.

Además, han acusado al teniente coronel Damiba de haber mantenido “el mismo sistema de seguridad que fracasó en los anteriores gobiernos”. En la declaración oficial, se dijo que Damiba había rechazado las propuestas de los oficiales para reorganizar el Ejército, y que había continuado con la estructura militar que había llevado a la caída del gobierno anterior.

“Las acciones de Damiba nos convencieron gradualmente de que sus ambiciones se estaban desviando de lo que nos propusimos hacer. Decidimos este día eliminar a Damiba”, se dijo en la declaración.

El malestar entre ciertos sectores del Ejército había ido creciendo en los últimos meses ante el deterioro de la situación en materia de seguridad y el constante hostigamiento por parte de grupos yihadistas, en concreto el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) y sus aliados locales.

La gota que colmó el vaso fue el ataque terrorista, el pasado lunes, a un convoy de mercancías a su paso por la localidad de Gaskindé, en el norte del país, cuando se dirigía a abastecer a la ciudad de Djibo, sitiada por los yihadistas desde hace meses.

En dicho ataque fallecieron, según las autoridades, 11 soldados, una veintena de personas resultaron heridas y 50 civiles, en su mayor parte comerciantes, están desaparecidos.

Los incidentes comenzaron pasadas las cuatro de la madrugada de este viernes en la capital del país, Uagadugú, cuando se escucharon disparos y explosiones en diferentes puntos de la ciudad, especialmente en los alrededores del palacio presidencial y el cuartel militar Baba Sy, sede de la junta militar que gobierna el país.

Los militares tomaron posición en puntos estratégicos de la capital y la televisión pública dejó de emitir durante buena parte del día. Instantes después volvieron a escucharse disparos y explosiones en el barrio de Ouaga 2000, donde se encuentra el palacio presidencial.

Decenas de ciudadanos se concentraron en la plaza de la Nación pasado el mediodía para pedir la salida de las tropas francesas, una mayor cooperación militar con Rusia y la liberación del teniente coronel Emmanuel Zoungrana, en prisión desde el pasado enero, acusado de conspiración por organizar un golpe de Estado.

Burkineses protestan contra el régimen militar que llegó en enero, con banderas de Rusia, pidiendo una mayor política de seguridad en el país.

La crisis comenzó en 2015 primero como un contagio del yihadismo procedente de Malí y después mediante la emergencia de grupos terroristas locales. En estos siete años han habido más de 7.000 muertos y unos dos millones de personas, el 10% de la población, han huido de sus hogares.

Al igual que sucedió en Malí en los dos golpes de Estado sufridos en 2020 y 2021, que llevaron al poder al coronel Assimi Goita, la sombra del sentimiento antifrancés, la caída de los Estados Unidos y Europa y la creciente influencia rusa que se extiende por el Sahel está presente en esta revuelta.

Decenas de ciudadanos burkineses ya sacaron banderas rusas para celebrar el golpe en enero pasado y en la concentración de Bobo Dioulasso que tuvo lugar este jueves, representantes de la sociedad civil reclamaban un cambio de aliados en la lucha antiterrorista, siguiendo el ejemplo de Malí, que ordenó la expulsión de todos los militares franceses y desde finales de 2021 colabora con instructores y mercenarios rusos de la compañía privada Wagner.

Las Naciones Unidas han expresado su preocupación y han hecho un llamamiento a la calma. “Burkina Faso necesita paz, necesita estabilidad y necesita unidad para luchar contra los grupos terroristas y las redes criminales que operan en partes del país”, dijo Stephane Dujarric, portavoz de la ONU.

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Kenia

El candidato a presidente de Kenia que propuso “deportar a todos los chinos” ganó las elecciones

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El derechista William Ruto, venció el pasado 9 de agosto con un ajustado 50,5% a su rival. Su eje de campaña fue expulsar a China, tanto su influencia en la economía y en la política, como a su gente, del país.

William Ruto, candidato de derecha conservadora y líder de la Alianza Democrática Unida (la cuál forma parte de la coalición centrista Kenia Primero), ganó las elecciones con un 50,5% de los votos, frente al 48,8% de su oponente, Raila Odinga, de centro-izquierda progresista y perteneciente a la coalición Una Kenia.

El vicepresidente será el actual diputado Rigathi Gachagua, un lobista político acusado en el pasado de apropiación de fondos públicos y malversación, durante su paso como secretario del actual presidente Uhuru Kenyatta.

En las elecciones senatoriales, la coalición del nuevo presidente se impuso obteniendo 33 escaños, frente a los 32 de la oposición y los 2 no-afiliados.

Por otro lado, en la Asamblea Nacional, la diferencia sigue siendo mínima, pero esta vez es la oposición la principal bancada, con 162 escaños, frente a los 159 del oficialismo. A su vez, entre no-afiliados, no-declarados e independientes se contabilizan 28 bancas.

Tanto la coalición oficialista como la opositora son frentes extremadamente diversos ideológicamente y que agrupan múltiples tendencias políticas, lo llamados partidos “catch-all”. Kenia Primero, asociada al centrismo, agrupa tanto al Partido Comunista de Kenia como al Partido Democrático, de derecha conservadora, y al victorioso Alianza Democrática Unida, del conservador William Ruto.

Por su lado, Una Kenia, coalición opositora, agrupa desde Unión Nacional Africana de Kenia, de derecha nacionalista, y el Partido Nacional Liberal, de derecha liberal, hasta la Alianza Progresista Unida o la Coalición Nacional Multicolor, de centro-izquierda progresista, incluyendo además al Foro del Pueblo Ubuntu, partido de corte étnico y marxista.

Raila Odinga, derrotado por Ruto en los comicios. Tras las elecciones ha acusado de fraude y prácticas ilegales a Ruto.

Hace pocas semanas, en plena campaña, Ruto logró atraer la atención de medios internacionales y gran parte del electorado local con una fuerte promesa: “Dejen a los ciudadanos chinos rostizar maíz y vender teléfonos celulares. Vamos a deportarlos a todos devuelta a sus países cuando gane las elecciones“.

La propuesta no solo implica la expulsión de los inmigrantes, si no que Ruto habla de expulsar la influencia de China en la política y la economía keniana. Cabe recordar que Kenia es uno de los tantos países que cayó en la trampa de la deuda china y actualmente, el Partido Comunista Chino controla una serie de infraestructura de transporte en el país africano.

A pesar de tener de vice a Rigathi Gachagua, Ruto hizo una campaña con un fuerte discurso anti-establishment y populista de derecha. En múltiples ocasiones se ha referido a sí mismo como un defensor del “pueblo ordinario frente a las dinastías que gobiernan Kenia”.

Otra de las promesas que generaron un fuerte impacto se trató de cuando afirmó que daría por anulada la deuda de 70 millones de dólares que mantiene el país actualmente con el Banco Mundial y con la propia China, de fuerte influencia en la economía africana y dueña del proyecto de infraestructura más costoso de la historia local, un tren que conecta dos importantes ciudades, valuado en 4,7 billones de dólares.

Ruto, de 55 años, es padre de familia con 7 hijos y en su juventud abocó sus estudios a las ciencias naturales. Sin embargo, es por su incansable actividad religiosa en la Unión Cristiana y en diferentes iglesias keniatas que salta a la política, tras conocer al ex presidente Daniel Arap Moi, que lo recluta como tesorero de su partido para las elecciones de 1992 en las que Moi luchaba por su re-elección. Desde ahí, supo ejercer en distintos cargos, tanto de parlamentario como en múltiples ministerios.

En las últimas elecciones presidenciales, las de 2017, logró re-elegir por segundo mandato consecutivo Uhuru Kenyatta (del Jubilee Party, centro-derecha liberal) con un 98,26% de los votos, quién llevó al propio Ruto como vice-presidente, cargo que lo impulsó a dar el salto a la presidencia. Kenyatta se veía imposibilitado de postularse nuevamente por la limitación de mandatos y su salida de la política marcó una verdadera campaña electoral con votación libre por primera vez en una década.

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Nigeria

Tras los ataques a iglesias en Nigeria, gobernadores quitan la prohibición de armas y le piden a la población que se arme

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El gobernador de Zamfara ordena la emisión masiva de permisos de portación de armas para contrarrestar los ataques terroristas. Otros gobernadores analizan la medida.

Durante más de una década, los nigerianos que viven en los estados del noroeste del país han sufrido una ola interminable de saqueos, secuestros y asesinatos a manos de pandillas y milicias islamistas. Sin embargo, desde comienzo de año, la violencia se ha tornado más brutal y ya hubo varios atentados terroristas a iglesias católicas en plena misa, donde decenas de feligreses fueron masacrados.

A principios de enero, unas 200 personas fueron asesinadas en Zamfara, en una ola de violencia de dos días, hasta nueve ciudades fueron atacadas y los terroristas dispararon a los ciudadanos en la calle mientras saqueaban y quemaban sus casas.

El pasado 6 de junio, yihadistas abrieron fuego en la iglesia católica de St. Francis y asesinaron por lo menos 50 personas. La portavoz de la policía del estado de Ondo, Ibukun Odunlami, dijo que los hombres armados dispararon por varios minutos indiscriminadamente al público, y luego se inmolaron con explosivos, dejando cientos de heridos más.

La semana pasada, otra ola de terrorismo atacó dos iglesias en el estado vecino de Kaduna, mataron a 8 personas y secuestraron a 38. El comando terrorista, compuesto por varios hombres armados, se cree que pertenece a Boko Haram o al ISIS, dos grupos yihadistas que tienen a Nigeria contra las cuerdas en una interminable guerra religiosa y política.

Los estados de Zamfara y Kaduna, foco de los ataques islamistas.

Esto llevó a un cambio rotundo en la política de seguridad del Estado nigeriano. El gobernador del estado de Zamfara, Bello Matawalle, ha decidido reconocer el derecho a portar armas de los ciudadanos para defenderse de estos ataques. Específicamente, el gobernador ordenó al comisionado de policía que emitiera 500 licencias en cada una de las 19 subdivisiones del estado.

“El gobierno está listo para ayudar a las personas, especialmente a nuestros agricultores, a obtener armas básicas para defenderse“, dijo Ibrahim Magaji Dosara, comisionado policial de Zamfara.

Se espera que en esta primera ronda de la medida, hasta 10.000 ciudadanos en el estado puedan portar libremente. Se pondrá foco en agricultores, transportistas y feligreses. “Si la medida es exitosa, habilitaremos otras 500 licencias en cada distrito, así hasta tener toda la población armada“, concluyó.

Bello Matawalle.

Otros gobernadores aseguran que están analizando implementar la misma medida, especialmente luego de que las Fuerzas Armadas y de Seguridad de Nigeria lanzarán una masiva movilización en el noreste del país, lo cual ha dejado sin apoyo nacional a los estados individuales para enfrentar estos ataques terroristas.

Grupos como Boko Haram, ISIS y los extremistas fulani operan desde bases en bosques remotos donde el terreno hace que las operaciones ofensivas de las fuerzas de seguridad nigerianas sean más difíciles y peligrosas. Las fuerzas de defensa y seguridad de Nigeria están sobrecargadas luchando contra la insurgencia islamista en el noreste del país, y la policía local no tienen el poder de fuego para enfrentar a los guerrilleros fuertemente armados.

Además del dinero que obtienen a través de los saqueos y los secuestros, los terorristas islamistas también controlan las minas de oro en el interior del país, lo que les proporciona recursos adicionales para financiar la compra de armas, y en estos años se han registrado rifles y explosivos de última generación en sus manos.

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