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02/02/2021

Golpe de Estado en Myanmar: denunciando fraude electoral, el Ejército tomó control del país que estaba cercano a caer en las manos de China

Tras denunciar fraude por parte del gobierno y de China, las Fuerzas Armadas birmanas decidieron dar un golpe de Estado contra la popular Aung San Suu Kyi, Primer Ministro elegida supuestamente con el 94% del apoyo en el Parlamento.

Portada
Este lunes a la madrugada el país asiático de Myanmar (Birmania) atravesó un golpe de Estado por parte de las Fuerzas Armadas, quienes detuvieron a múltiples autoridades del gobierno, entre ellos el presidente Win Myint y la primer ministro Aung San Suu Kyi.

El vicepresidente Myint Swe asumió el máximo cargo y declaró el estado de emergencia nacional hasta fin de año. En este contexto, le transfirió el poder al Comandante-En-Jefe del Ejército, el General Min Aung Hlaing, y lo designó como "Líder de Estado". Swe se quedará como Presidente interino pero no tendrá injerencia en la administración del gobierno, dejando su figura como meramente protocolar.
Las Fuerzas Armadas birmanas, conocidas como el Tatmadaw en el país, venían denunciando hace varios meses que las elecciones del 8 noviembre de 2020 habían estado plagadas de fraude, cometido por el oficialismo y en complicidad directa con el régimen chino.
En estas elecciones, el partido Liga Nacional Democrática, liderado por Suu Kyi, había logrado una super-mayoría en el Parlamento, donde obtuvo el 94% de las bancas disputadas.
En Myanmar, el 25% de las bancas son siempre reservadas para legisladores que responden a las Fuerzas Armadas, mientras el electorado elige sobre el 75% restante. Esto es consecuencia de un acuerdo político entre las fuerzas democráticas y los militares del 2011, cuando el país reestableció su democracia después de 60 años de dictaduras militares.

El General Mayor Min Aung Hlaing, comandante en jefe de las fuerzas armadas de Myanmar, en la capital Naipyidó, el 27 de marzo de 2016. Fuente: AFP.

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Según el nuevo gobierno militar, la ahora ex mandataria Aung San Suu Kyi, ganadora del Premio Nóbel de la Paz y una de las referentes pro-democracia más conocidas del mundo, había prometido que la reinstitución de la democracia no intercedería con el proyecto de nación independiente que siempre buscó el Tatmadaw.

Pero Suu Kyi nunca cumplió sus promesas, y luego de las elecciones de 2015 había intentado pasar una reforma constitucional para quitarle poderes al Ejército, poder designar personas vinculadas con China al gabinete y adoptar una postura atea desde el Estado respecto a la religión.

La Constitución requiere más del 75% del voto en el Parlamento para poder ser reformada, por lo que sin el voto de los militares, estos cambios no fueron introducidos. Sin embargo, Suu Kyi había prometido que si expandía su mayoría en las elecciones de este año, presionaría nuevamente para estas reformas.

Las Fuerzas Armadas creen que Suu Kyi quería acercar el país a China, reformando Myanmar a una democracia unipartidista donde ella sea la Líder Suprema, el Ejército esté a su merced y se persiga a los opositores.

Además, desde su llegada al poder, la Primer Ministro promovió la persecución política contra los musulmanes birmanos (de la etnia rohinyá) que residen en el Estado de Rakáin. La policía local lleva a cabo hace ya casi una década una limpieza étnica contra los rohinyá, que incluye segregación, torturas, censuras y, según muchas organizaciones de Derechos Humanos, genocidio.

La ganadora del Nóbel de la Paz no hizo nada para defender a esta minoría oprimida desde que llegó al gobierno, e incluso muchos de los rohinyá aseguran que ella lo promueve.

Los líderes del Ejército, si bien no simpatizan con los rohinyá y muchos de sus miembros defienden esta limpieza étnica, ven esta persecución de parte del gobierno democrático como una demostración de las similitudes ideológicas con el Partido Comunista Chino y su genocidio de la etnia uigur.


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El Ejército alegó en diciembre que encontró 8,6 millones de irregularidades en las listas de votantes que podrían haber permitido a los votantes emitir múltiples boletas y otras "miles" de formas de "mala práctica electoral". 

El 29 de enero, la Comisión Electoral Nacional, que depende de Suu Kyi, rechazó las acusaciones de los militares que la elección fue fraudulenta y dijo que no hay pruebas que respalden las afirmaciones, certificando los resultados y anunciando que los nuevos legisladores asumirían el 1ro de febrero.

El General Min Aung Hlaing se reunió esa noche con las cúpulas militares y les informó que si no tomaban cartas en el asunto su país se iba a convertir en una colonia china "en los próximos 10 años", según reportan los medios locales.

Dos días después, a las pocas horas del lunes, autos blindados y tanques se dirigieron a la residencia de Suu Kyi y otros miembros clave del gobierno, arrestándolos en el acto. La capital, Naipyidó, fue puesta bajo toque de queda mientras la gran mayoría de los birmanos dormía.

Rápidamente, los canales de televisión públicos fueron cortados, el internet fue bloqueado, los bancos nacionales fueron cerrados y los 24 ministros fueron reemplazados. Además, se le dio poderes extraordinarios al Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, virtualmente convirtiéndolo en un Parlamento paralelo. 

El canal de televisión financiado por los militares, Myawaddy TV, fue el único medio que anunció lo sucedido, a eso de las 12:00 AM hora de Argentina.


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A pesar de las enormes contribuciones a la democracia de Aun San Suu Kyi, la mandataria estaba en camino de entregar la soberanía del país a China. Siendo el principal socio comercial y segunda fuente de inversiones para Myanmar, el Ejército estaba a la expectativa de las decisiones de la Primer Ministro. 

Aunque la sociedad de Myanmar en general tiene profundos sentimientos anti-chinos, el gobierno de Aung San Suu Kyi quería impulsar una estrecha cooperación económica con el régimen de Xi Jinping. 

En sus años como jefa de gobierno lanzó iniciativas como el Corredor Económico China-Myanmar, el ingreso a la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), dio su respaldo a China en las Naciones Unidas sobre temas regionales, y con la excusa del COVID-19, Suu Kyi había llegado a firmar acuerdos de cooperación que beneficiaban enormemente a China a cambio de algunas vacunas y suplementos médicos.

El gobierno de facto tendrá la difícil tarea de sacar al país adelante, que atraviesa una profunda crisis económica y social, sin la ayuda explícita de China, además de una gran porción de la población que todavía defiende la figura de Suu Kyi y la democracia en el país.

Como era de esperarse, China fue el primer país del mundo en pedir por la liberación de los nuevos presos políticos y aseguró que está analizando una intervención en la región.

El dictador chino Xi Jinping junto a Aung San Suu Kyi en su primer viaje a China como Primer Ministra.

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