Seguinos en redes

China

China se postula como el gran ganador del conflicto en Ucrania: Pone a Rusia bajo su esfera de influencia económica

Publicado

en

Mientras el mundo piensa en como ayudar a Ucrania, Xi Jinping está sacando provecho de las sanciones a Rusia y ofreciendo sistemas financieros y comerciales alternativos que ponen a Putin bajo su tutelaje.

En la tarde del 25 de febrero, se llevó a cabo una conversación telefónica entre Xi Jinping y Vladimir Putin, en donde las dos partes hablaron en profundidad sobre el conflicto actual en Ucrania. La guerra llevaba menos de un día.

El mandatario ruso argumentó la situación de las operaciones militares especiales de Rusia en la parte oriental de Ucrania, alegando que Estados Unidos y la OTAN han ignorado durante mucho tiempo las preocupaciones razonables de seguridad de su país, incumpliendo repetidamente sus compromisos, continuando su avance en el despliegue militar hacia el este, y desafiando a Rusia. 

Asimismo, Xi Jinping señaló que la situación en el este de Ucrania ha experimentado cambios rápidos recientemente, lo que ha llamado mucho la atención de la comunidad internacional. Xi le pidió “abandonar la mentalidad de la Guerra Fría“, y “respetar las legítimas preocupaciones de seguridad de todos los países“.

China apoya a Rusia y Ucrania para resolver el problema a través de la negociación. La posición básica de China sobre el respeto a la soberanía y la integridad territorial de todos los países y el cumplimiento de los propósitos y principios de la Carta de la ONU es consistente”, dicen que le dijo Xi.

Sus palabras fueron muy cuidadosas: China mantiene el mismo deseo de Putin con Ucrania pero con Taiwán. Pero Pekín, a diferencia de Moscú, no reconoce a Taiwán como un país independiente, y asegura que es simplemente una isla rebelde, por lo tanto, puede pedir por “respetar la soberanía territorial” mientras mantiene su reclamo.

Finalizó su mensaje indicando que China está dispuesta a trabajar con todas las partes de la comunidad internacional para promover un concepto de seguridad común, cooperativo y sostenible, y salvaguardar firmemente el sistema con las Naciones Unidas en su centro y el orden, basado en el derecho internacional.

Hasta el momento, el relato oficial del llamado entre los dos mandatarios no genera mayores inconvenientes, pero las declaraciones en crudo de otros funcionarios chinos, extremadamente cercanos a Xi, revelan que la llamada pudo haberse desarrollado de una manera muy distinta.

El 23 de febrero, por ejemplo, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores del país asiático, Hua Chunying, anunció que Estados Unidos cometía hostilidades a través de su expansión de la OTAN hacia el este y el despliegue de armas estratégicas ofensivas avanzadas, agregando que rompió sus garantías a Rusia.

El día posterior, cuando ya existían bombardeos en diferentes partes de Ucrania, en una conferencia de prensa, Hua evadió la réplica de que había habido una invasión rusa y consideró que se trataba de una interpretación de los medios occidentales. También agregó que Rusia es un país independiente que decide y lleva a cabo su diplomacia y acciones de manera independiente en función de sus propios intereses.

Ese mismo día, Wang Yi, canciller chino, señaló que entendía las preocupaciones de seguridad de Rusia ante el avance de la OTAN enviando armas a Ucrania, y que el accionar de Putin le parecía “legítimo”.

Comentaristas y representantes gubernamentales chinos se hicieron eco de la opinión sobre que el conflicto ucraniano tiene sus raíces en una compleja red de factores históricos que determinan la situación actual. El apoyo de Pekín no debería sorprender, ya que ambas naciones comparten intereses comunes, específicamente que tanto Estados Unidos como la OTAN pierdan liderazgo provocando un debilitamiento en Occidente y de esa manera lograr un nuevo orden internacional.

Desde ya, China lo expresa con un perfil más bajo que Rusia, y trata de mantener las apariencias en todo momento. Además, su buena relación con el Partido Demócrata se convierte en un elemento disuasorio de estos enfrentamientos.

Pero sin lugar a dudas, China y Rusia comparten una aversión hacia los derechos humanos y la democracia. En general, cada uno de los dos regímenes se siente cómodo con los sistemas políticos y las perspectivas geoestratégicas del otro y, lo más importante, ninguno busca transformar al otro.

Por otra parte, los analistas Yang Sheng y Xie Jun publicaron en el Global Times, medio de propaganda estatal chino, que Rusia parecía estar bien preparada para las sanciones occidentales ya que tiene enormes reservas de energía, incluidos petróleo y gas, así como metales raros, y afirmaron “Moscú tiene medidas para devolver el golpe, y su cooperación con China en los sistemas de pago podría limitar el impacto de cualquier sanción occidental”.

Tal vez el mayor indicador que Rusia y China están más cerca que nunca es que el país euroasiático, después de la avalancha de sanciones que recibió de Occidente, encontró en Pekín un aliado incondicional en términos económicos y rápidamente acoplaron sus sistemas financieros y comerciales.

Para China, las sanciones occidentales al país liderado por Putin significaron una oportunidad para bajar los precios de sus importaciones ya que Moscú necesita una salida para sus recursos y generar actividad económica compensatoria, eliminando barreras a los inversores chinos, ya no solo en materia energética sino en otros sectores como el ferroviario y el de las telecomunicaciones.

Además, la compañía estatal rusa Gazprom anunció un ambicioso proyecto para la construcción de un oleoducto que cruzará Mongolia y logrará abastecer de gas a China por casi 50.000 millones de metros cúbicos cada año. La comercialización podría efectuarse en la moneda de curso legal china, generando así un problema para la histórica hegemonía del dólar sobre este tipo de transacciones.

Podríamos estar asistiendo, por lo tanto, al principio del fin del sistema del petrodólar, algo que incluso admite el propio presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, al señalar que es posible que el dólar deje de ser la moneda de reserva por antonomasia y comparta su cetro con otra divisa: el yuan.

En cuanto al comercio entre los dos países, según datos oficiales publicados por la Administración de Aduanas de China, en 2021 los intercambios con Rusia ascendieron a la cifra récord de casi 147.000 millones de dólares, con un saldo comercial favorable a Moscú de 11.757 millones.

Estas cifras se traducen en un aumento del comercio bilateral de un 35,8% en comparación con 2020, superando incluso la tendencia de los intercambios entre China y el mundo, que avanzó un 30%.

Otro respaldo ocurrió luego de la reciente suspensión de las operaciones de pagos hechas por Mastercard, Visa y American Express en Rusia, por lo cual Pekín salió nuevamente al rescate. Los bancos rusos Sberbank, Alfa Bank y Tinkof anunciaron en sus respectivos canales de Telegram que están preparando el terreno para emitir tarjetas con el sistema de pagos UnionPay, el cual fue fundado en China en 2002 y es manejado por su banco central. 

Además de la tradicional cooperación militar, comercial y energética, ambos países ven una gran oportunidad de expandir su cooperación en las áreas de desarrollo tecnológico y exploración del espacio.

La mayor amenaza que representa para Occidente el vínculo estratégico entre Rusia y China es su objetivo de reajustar el sistema internacional en su beneficio. Mientras Vladimir Putin busca explotar las divisiones y debilitar el vínculo transatlántico, Xi Jinping pretende asegurar sus intereses comerciales y económicos en general, algo que inexorablemente lleva al control político, como explica el propio dictador en sus libros.

Es precisamente China quien puede resultar como el gran ganador de este conflicto, ya que a largo plazo –como siempre proyectan– su objetivo es colonizar económicamente los países de la Nueva Ruta de la Seda, un plan en el que su divisa ocupa un lugar fundamental. Si occidente no protege su soberanía, quedará a merced de los intereses chinos.


Por Candela Sol Silva, para La Derecha Diario.

China

El arresto del Cardenal Zen sacude Hong Kong, mientras Occidente mira para otro lado

Publicado

en

La persecución católica llegó a Hong Kong, centro de una de las mayores comunidades cristianas de todo Asia pacífico.

El Cardenal Joseph Zen, quien fuera el Obispo de Hong Kong, fue arrestado la semana pasada por la policía china, acusado de “conspirar con fuerzas extranjeras” en relación a su rol de administrador de la 612 Humanitarian Relief Fund, la cual apoya a protestantes pro democráticos con gastos legales y médicos.

Además del Cardenal, también fueron arrestados por la policía de seguridad nacional china la conocida abogada Margaret Ng, el académico Hui Po-keung y la cantante y compositora Denise Ho, todos relacionados con la fundación.

Si bien el régimen chino alega que las detenciones se dieron en el marco de una investigación por conspiración, lo cierto es que en realidad fueron acusados por subversión, secesión y terrorismo, lo cual puede tener sentencias de cadena perpetua en la justicia china, a la cual pueden ser extraditados tras la toma por la fuerza de la ciudad-estado.

La detención de Zen era esperable. Desde hace varios meses que distintos medios afines al Partido Comunista Chino venían acusándolo de incentivar revueltas en estudiantes. Asimismo, el Cardenal acusa al gobierno chino de persecución a la comunidad cristiana tanto en Hong Kong (una de las más grandes de Asia) como en China.

La detención del Obispo Emérito de Hong Kong, siendo un Cardenal católico de 90 años, representa la actitud firme de China de aplastar la democracia existente en la ciudad y de brindar un mensaje claro, tanto al mundo como a los ciudadanos y a la comunidad católica del país.

El principal crimen del Cardenal ha sido pedir, incansablemente, por la libertad de culto y por apoyar a las víctimas del partido comunista. Pero China aprendió la lección y ya no usa tanques de guerra para aplastar a los que se le oponen como en Beijing hace 33 años, ahora el mecanismo es silencioso y consiste en utilizar el aparato del estado para acusar y enjuiciar a todos aquellos que se resisten a Xi.

El miedo de los ciudadanos de Hong Kong es real. Más de 200.000 personas se han ido al exterior desde que China ingresó con la Policía y el Ejército a la ciudad-estado que, según el Pacto Sino-Británico, todavía le quedaban unos 30 años de independencia.

En junio de 2020, cuando todo el mundo estaba hablando de la pandemia, la Asamblea Popular china votó para aplicar la Ley de Seguridad China en Hong Kong, lo cual transformó a la ciudad autónoma en un distrito más del país comunista.

Aquellos principales opositores a Xi fueron arrestados en los primeros meses. La Confederación de Sindicatos, un organismo pro-democracia, fue cerrado el año pasado luego que se anunciara que sería acusado de infringir las leyes nacionales. Todas las organizaciones que no se alinean con el régimen comunista son castigadas duramente.

Los mecanismos de persecución son variados, desde acusaciones de fraude, congelamiento de cuentas, acusaciones de subversión, actividades ilegales o incluso terrorismo, periódicos, compañías nacionales o internacionales, organismos internacionales o simples ciudadanos son perseguidos y arrestados.

Es probable que el Cardenal Zen y todos los demás arrestados sean trasladados a alguna provincia de China, donde serán sometidos a trabajos forzosos mientras esperan que se resuelva su juicio. Lamentablemente, todo indica que estas personas desaparecerán y se sumarán a la larga lista de asesinados por la dictadura.

Un agravante a la situación de Zen es que es un representante de la Iglesia Católica, no alineada al régimen. Si bien el Partido Comunista promueve el ateísmo, a fines de la década del ’60 permitió la religión en el país, pero de una manera altamente regulada.

El Estado creó dos iglesias “patrióticas”, una budista y una católica. La “patriótica” católica, denominada oficialmente Asociación Patriótica Católica de China, no es reconocida por el Vaticano, y fue creada y está estrictamente controlada por el gobernante Partido Comunista.

Compitiendo contra ésta, los católicos en China fundaron de manera clandestina la Iglesia Católica de China, que responde a la Santa Sede. Por años, los papas Pio XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI coordinaron la “resistencia” con los curas clandestinos, ayudándolos a llevar a cabo misas en secreto a lo largo de todo el país.

Si, embargo, en 2018, el Papa Francisco firmó un acuerdo para mejorar las relaciones con el Partido Comunista Chino, en el que el Vaticano dio demasiadas concesiones, entre ellas, dejar de dar ayuda a los curas clandestinos, que efectivamente cumplió.

Por otro lado, los sacerdotes católicos son repudiados por los fundamentalistas comunistas por depender de una autoridad extranjera, por lo que sufren todo tipo de persecuciones. Aun así, el cristianismo es la tercera religión más extendida en el país, luego del Budismo Popular Chino y el budismo taoísta.

La pandemia ha sido una útil excusa para arrestar personas y aislarlas, así cómo demorar juicios o incluso brindar respuestas sobre sus paraderos. El régimen chino sabe que la atención de los medios es breve y cuenta con eso para seguir aplastando Hong Kong sin problemas ni críticas internacionales.

El arresto de Zen movilizó a la Unión Europea e inmediatamente conocida la noticia, el canciller europeo Joseph Borrell manifestó su preocupación. Los Estados Unidos tomaron una postura más enérgica y la subsecretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, exhortó a las autoridades chinas a “dejar de atacar” a los defensores de la democracia en Hong Kong y a “liberar de inmediato (a aquellos) que han sido injustamente detenidos y acusados, como el cardenal Joseph Zen”. El Vaticano, por su parte, manifestó su preocupación con un tibio comunicado.

Sin embargo, estas declaraciones son un montaje, un show que esconde una realidad terrorífica. En vez de aplicarle sanciones a China por cometer actos realmente deleznables, como genocidio, persecución de opositores, manipulación de la moneda y estafa comercial internacional, pocos gobiernos en Occidente se animan realmente a oponerse en los actos al gigante asiático.

Seguir Leyendo

China

El artífice de la represión y líder de la fuerza parapolicial china es el nuevo Jefe de Gobierno de Hong Kong

Publicado

en

Luego de la toma de facto de la ciudad-estado por el régimen chino, la jefa de gobierno Carrie Lam fue reemplazada por el jefe de la “gestapo hongkonesa”, John Lee. Era el único candidato habilitado por el Partido Comunista.

El ex jefe de seguridad que supervisó la represión contra los movimientos por la democracia en Hong Kong, John Lee, fue escogido como nuevo gobernante de Hong Kong tras ser el único candidato aprobado por el Partido Comunista chino.

A comienzos de mayo, el ex jefe de seguridad encargado de la represión en Hong Kong fue escogido como sucesor de Carrie Lam, la Jefa de Gobierno saliente que entregó a la ciudad-estado a la dictadura comunista china.

La elección se hizo en un pequeño comité de personas leales al Partido Comunista Chino, donde John Lee fue el único candidato, obteniendo obtuvo 1.416 votos del comité integrado por 1.461 personas, equivalente a 0,02% de la población de 7,4 millones de personas. Los restantes integrantes no emitieron votos.

Declaro que el candidato único John Lee Ka-chiu fue escogido en la elección antes mencionada. Felicitaciones“, expresó el juez Kieth Yeung Kar-hung al dar a conocer el resultado.

Esta designación marca la primera vez que un oficial de seguridad asume la jefatura del gobierno de Hong Kong y ocurre luego de dos años oscuros luego de la toma de poder de facto de China sobre la ciudad-estado, que tenía su autonomía garantizada por el Reino Unido por 40 años más.

Pero los británicos no movieron un dedo cuando el 1ro de julio de 2020 el régimen de Beijing impuso la polémica “Ley de Seguridad Nacional China” en la ciudad autónoma de Hong Kong, prohibiendo desde entonces las concentraciones de manifestantes, la libertad de expresión, la democracia y demás derechos civiles.

Esta “Ley de Seguridad Nacional” fue aprobada en la Asamblea Popular Nacional de China, tomando como excusa un supuesto vacío legal en el Acuerdo Sino-Británico de hace casi cuatro décadas atrás. En ese entonces se le encomendó al gobierno autónomo de Hong Kong implementar sus propias leyes de Seguridad Nacional, las cuales luego serían aprobadas por el Reino Unido y China.

Pero China dijo en 2020 que nunca le dio el visto bueno a la ley hongkonesa y, por lo tanto, el dictador Xi Jinping propuso aplicar la Ley china en su lugar. Ese mismo día, China envió a las fuerzas policiales a ingresar a la ciudad, seguidas del Ejército.

Ahora, cualquier acción, comentario o publicación en internet de parte de los hongkoneses puede ser considerado un acto de traición, secesión, sedición o subversión hacia el Estado de China. Desde ese entonces y de facto, en contra de cualquier acuerdo y sin votación alguna, el derecho a la protesta y a la libertad de expresión en Hong Kong quedó criminalizado por el Partido Comunista Chino.

Esta avanzada expansionista del Partido Comunista se vio complementada con una reforma electoral que le quitó el poder legislativo a la voluntad democrática del pueblo hongkonés, y una reforma judicial que sustituyó la justicia local por una justicia nacional china.

La designación de John Lee, quien asumirá el cargo el 1 de julio, en el 25° aniversario de la entrega de la ciudad-estado a China por parte de Reino Unido, marca la total adhesión del poder ejecutivo a China, y señaliza el fin de Hong Kong como la conocíamos.

Lee comanda la Oficina de Seguridad, la principal agencia de seguridad de Hong Kong, la cual la transformó en los últimos dos años en una verdadera gestapo, siguiendo los lineamientos de la organización parapolicial Oficina 610 del Ministerio de Seguridad de China.


Por Nicolas Promanzio, para La Derecha Diario.

Seguir Leyendo

China

La OMS prepara un “Tratado Global de Pandemias” siguiendo la recomendación de Bill Gates

Publicado

en

Australia ya fue el primer país del mundo en confirmar su apoyo. Se quiere crear un grupo con autoridad supranacional para imponer restricciones sanitarias en cualquier país donde se detecte un nuevo virus.

Después del desastre mundial que generó la pandemia del virus chino SARS-CoV-2, el multimillonario Bill Gates llamó a firmar un “Tratado Global de Pandemias” en Ginebra, patrocinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), para que “nunca más una epidemia se convierta en pandemia“.

El plan supone darle poderes extraordinarios a un grupo de tareas especiales de la OMS, que apoda “GERM“, para que pueda intervenir inmediatamente en cualquier país afiliado a la organización cuando se detecta un nuevo virus.

En ese momento, el grupo “GERM” pasaría a tener una autoridad superior a la del Ministerio de Salud del país en cuestión, pudiendo ordenar restricciones sanitarias unilateralmente que el país deberá cumplir o sufrir severas sanciones.

También, el grupo “GERM” podrá disponer de cualquier laboratorio en cualquier parte del mundo para fabricar vacunas y medicamentos para enviar al país donde se encontró el virus. Esto sería una suerte de expropiación de facto de las líneas de producción.

El tratado sin dudas es un primer paso a otra idea que Bill Gates ha planteado muchas veces, la de formar un “Gobierno global“. El grupo “GERM” vendría a ser como un Ministerio de Salud global, que supercede en autoridad a cualquier cartera de salud del mundo, avasallando cualquier tipo de soberanía.

Habiendo adquirido un gusto por el control globalizado durante la pandemia de Covid, varios líderes mundiales, junto a algunas empresas y demás figuras influyentes están analizando seriamente firmar un acuerdo de este estilo.

El primero en hacerlo fue el primer ministro australiano, Scott Morrison, quien comentó sobre el tratado propuesto en un reciente acto de campaña: “Es esencial que fortalezcamos la vigilancia global de enfermedades y proporcionemos a la OMS la autoridad y la capacidad para hacer este importante trabajo para todos los pueblos del mundo“.

Este grupo que se quiere crear podría llegar a cualquier país y ordenar cuarentenas, uso de barbijo obligatorio, pases sanitarios y demás restricciones. Equivale a extender los poderes de emergencia que varios presidentes y gobernadores se otorgaron a sí mismos, excepto que las personas no pueden votar para sacar a la OMS del poder.

El pretexto para un tratado de salud global es que a los países se les permitió “erróneamente” adoptar enfoques personalizados para Covid, en particular, sus lanzamientos de vacunas. Según la OMS, esto ponía en peligro la salud de todo el planeta.

Así lo plasmó Bill Gates en la publicación de un reciente libro How to Prevent the Next Pandemic, publicado el 3 de mayo de este año. En sus páginas, explica los lineamientos que debería tener este tratado.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom, lacayo como pocos, ya anunció que apoya las ideas de Bill Gates, y que “las mentes más brillantes” de la organización mundial de la salud están redactando el tratado, que se podría someter a votación en el pleno de la ONU en Ginebra, el 13 de septiembre.

El manejo de la pandemia del Covid está siendo utilizado como excusa para justificar una nueva era de fascismo global bajo la excusa de cuidado médico. Pero también es un negocio. El Tratado Global contra la Pandemia es, ante todo, un acuerdo económico de un billón de dólares.

El tratado incluiría un “fondo de preparación” de 10 mil millones de dólares por año junto con un fondo de emergencia adicional de 100 mil millones de dólares fijo. Esto saldrá de los bolsillos de los contribuyentes de los 194 estados miembros de la OMS.

Esto sería un desastre además porque generaría una receta homogénea para gestionar las pandemias. Mientras países como Suecia o algunos estados de Brasil o Estados Unidos manejaron con mucho éxito la crisis de salud, balanceando entre libertades individuales y un nivel contenido de contagios, otros países como Francia, Italia o la misma Argentina resultaron en una verdadera masacre, con cuarentenas que condenaron a millones de personas no solo a la pobreza si no a otras afecciones.

Además, ¿de qué serviría este tratado si China no cooperaa? China ha sido el “Paciente Cero” de las últimas 4 grandes pandemias. La Gripe Española, que a pesar de su nombre fue importada desde China por trabajadores que se movilizaron a Europa para suplir el trabajo que los europeos no podían hacer porque se habían ido a pelear la Primera Guerra Mundial; la Gripe Aviar del 2006, tuvo sus primeros casos en Guangdong a fines de los 90s; la Epidemia SARS del año 2002, que tuvo foco en China y se logró contener en Asia, y la Pandemia del Coronavirus, del año 2020.

La OMS ya ha intentado en múltiples ocasiones instalar grupos de trabajo en China sin éxito. El caso más famoso es el de fines del 2020, cuando enviaron un equipo de investigación para determinar el origen del virus, y luego de unas semanas fueron echados del país.

¿Para qué someter a toda la población occidental a una dictadura mundial de la salud, si es una certeza que el régimen comunista chino no va a permitir que funcionarios de la OMS le digan lo que tiene que hacer?

¿Cuál es el punto de promulgar el tratado si el Paciente Cero se niega a sentarse a la mesa? Es un poco como las promesas de Cambio Climático de las Naciones Unidas que no incluyen al contaminador más grande del mundo.

Seguir Leyendo

Tendencias