Fundada a principios de 2025 por tres estudiantes de Agronomía, trabaja más de 15.000 hectáreas en Córdoba y San Luis y ahora suma la comercialización de equipos.
Modernización de la Fuerza Aérea: cómo beneficia al país la llegada de los F-16 a Córdoba
Todo comenzó con la curiosidad de tres "amigos de la vida" de Río Cuarto, Córdoba, Pedro, Augusto y Felipe, primero compañeros de colegio y luego reencontrados mientras estudiaban Agronomía. Los drones agrícolas todavía eran una novedad en la Argentina, y ellos entendieron que podían convertirse en una herramienta para resolver problemas que veían en el campo cordobés, sobre todo en zonas con monte.
Así nació Vectoragro, a principios de 2025. El proyecto exigía una inversión inicial que, para tres estudiantes, no resultaba sencilla, y la respuesta apareció puertas adentro: "Recurrimos al ente financiero: nuestro viejo", recordaron entre risas. Con ese respaldo familiar compraron el primer dron, armaron un carro y fueron sumando equipamiento de manera paulatina.
La historia de estos jóvenes cordobeses se conoció durante la segunda jornada de Agro Next de La Voz, donde el equipo contó su recorrido. Empezaron como prestadores de servicios de agricultura de precisión con drones y, después de casi dos años de experiencia, miles de kilómetros recorridos y más de 15.000 hectáreas trabajadas, decidieron dar un paso más: comercializar los equipos.
Drones de Vectoragro aplicando en un campo de Córdoba.
Vectoragro, de Río Cuarto a todo el país: del servicio con drones a la venta de equipos
Los comienzos fueron puro aprendizaje. "Eran nuestras primeras experiencias aplicando. Demorábamos tres veces más de lo que tenemos hoy como capacidad operativa", reconocieron. La práctica les permitió ampliar la superficie cubierta y trabajar en distintos escenarios, principalmente en Córdoba y San Luis, aunque también llegaron a otros puntos del país, con horas en el campo, noches durmiendo en la camioneta y trabajo bajo condiciones climáticas cambiantes.
De ese camino salió la idea de vender. La experiencia les mostró las dificultades que enfrenta quien compra su primer dron: "No había nadie alrededor con drones. Queríamos evitar que a la gente le pase lo que nos pasó a nosotros", señalaron. Su meta es "aplanar la curva de aprendizaje" de los nuevos usuarios y acompañarlos después de la compra: "No es solamente comprar el dron. Hay que hacerlo con gente que inspire confianza, que pueda transmitir experiencia y responder cuando aparece algún inconveniente en el campo".
El mercado cambió rápido. Cuando empezaron, los drones agrícolas casi no se veían en la zona de Río Cuarto y muchos productores cordobeses los llamaban para probar la tecnología; hoy ya no resulta extraño encontrar otro equipo operando a pocos kilómetros. "Estamos llegando al punto de no retorno de esta tecnología que vino para quedarse", afirmaron. Y el horizonte sigue abierto: "Podemos tener un equipo en un campo de cría del norte del país y verlo desde nuestra casa, haciéndolo despegar desde una computadora a 1.200 kilómetros", ejemplificaron.