En materia deportiva, Fernando Gago seguía siendo el director técnico de Boca, y su ciclo se apagaba en silencio. Miguel Ángel Russo aún era el DT de San Lorenzo. En Europa, Leandro Paredes jugaba en la Roma y Harry Kane no había ganado ningún título. El PSG seguía soñando con su primera Champions, y Mastantuono todavía jugaba en River, sin haber marcado el recordado golazo de tiro libre en el Superclásico del Monumental. Vélez aún era el campeón vigente del fútbol argentino y Boca tenía aspiraciones concretas de clasificar a la Copa Libertadores. Hoy, esas chances son casi nulas.
A nivel institucional, el Consejo de Fútbol aún estaba completo. Raúl Cascini, Chicho Serna y Jorge Bermúdez todavía eran funcionarios activos. El escándalo de descomposición interna y la posterior purga ordenada por Riquelme aún no se había producido. Tampoco había estallado el escándalo MorettiGate, en el que el presidente de San Lorenzo fue grabado recibiendo coimas por 25.000 dólares. Y mucho menos se habían filtrado aún los chats sexuales entre el hermano de Juan Román Riquelme y una mujer, material que daría origen al escándalo mediático conocido como el “Chanchigate”, y que pondría en evidencia la exposición pública y el manejo personalista del entorno dirigencial del club.











