La Federación Internacional del Automóvil (FIA) decidió ponerle fin a una estrategia utilizada por Mercedes y Red Bull en clasificación que les permitía obtener una ventaja de potencia en los metros finales de la vuelta rápida. Según reveló The Race, ambas escuderías habían encontrado la forma de evitar la reducción progresiva de energía eléctrica exigida por el reglamento mediante el uso del sistema híbrido, específicamente el MGU-K. La normativa obliga a disminuir la entrega de potencia en tramos finales, pero los equipos lograban sostenerla hasta cruzar la meta, obteniendo una ganancia estimada de entre 50 y 100 kilovatios.
El mecanismo consistía en desactivar el MGU-K utilizando un modo de software pensado para emergencias técnicas. Si bien esta opción estaba permitida en casos de riesgo mecánico, su uso sistemático con fines competitivos encendió las alarmas. Como respuesta inicial, la FIA estableció que, al desactivar el sistema, este quedara bloqueado durante 60 segundos, lo que en teoría anulaba cualquier beneficio.











