A poco más de dos semanas para que la Fórmula 1 regrese oficialmente con el Gran Premio de Australia, un problema técnico encendió las alarmas en los equipos que utilizan motores Mercedes. La aprobación del nuevo combustible sostenible, obligatorio desde la temporada 2026, todavía no está garantizada y el tiempo apremia.
El cambio reglamentario marcó un punto de inflexión en la categoría: los combustibles fósiles quedaron atrás y ahora la F1 exige mezclas sostenibles certificadas bajo estrictos estándares ambientales. La adopción de este combustible es uno de los pilares centrales de la nueva normativa impulsada por la Federación Internacional del Automóvil (FIA), que ya dejó claro que no habrá flexibilizaciones en los controles.

Hasta 2025, el proceso era relativamente simple. Los fabricantes enviaban una muestra a un laboratorio británico afiliado a la FIA y en un plazo de alrededor de dos o tres semanas recibían la confirmación técnica. Sin embargo, con la introducción del combustible sostenible, el sistema de homologación se volvió mucho más exhaustivo.
Ahora la certificación fue delegada a la empresa británica Zemo, que no solo analiza el producto final, sino que inspecciona toda la cadena de producción. El personal visita las plantas, revisa cada etapa del proceso y verifica las certificaciones de las moléculas individuales y de cada proveedor involucrado. El control es integral y se realiza "molécula por molécula".









