A casi un mes de su polémico trabajo en el VAR del Superclásico entre River y Boca, la figura deHéctor Paletta volvió a quedar bajo la lupa por motivos extradeportivos. En las últimas horas, se dio a conocer que además de su labor como árbitro, es también empleado de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, donde percibe un salario cercano a los 4.5 millones de pesos mensuales.
Su vínculo con el Estado bonaerense, organismo conducido por Flavia Terigi, socióloga kirchnerista cercana a Axel Kicillof, generó cuestionamientos, sobre todo por el nivel de ingresos en comparación con otros trabajadores del sistema educativo. Por ejemplo, el árbitro percibe cuatro veces más dinero que un docente con 20 módulos en la provincia y supera ampliamente a la mayoría de empleados administrativos de planta.
Paletta es ñoqui de Axel Kicillof
En ese contexto, el caso tomó mayor visibilidad pública, al combinar su rol como funcionario con su actividad dentro del arbitraje profesional, donde también percibe ingresos similares por su tarea en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
A esta situación se le sumó en los últimos días una investigación judicial en curso que lo tendría como protagonista. Según trascendió, se analizan presuntos movimientos financieros vinculados a criptomonedas por montos que excederían ampliamente sus ingresos declarados, lo que abrió un nuevo frente de polémica alrededor de su figura.
Su polémica en el Superclásico
El nombre de Héctor Paletta ocupó gran parte de la agenda mediática la semana posterior al Superclásico por su actuación, cuanto menos, cuestionable. El colegiado fue el encargado del VAR en el encuentro y generó debate por no llamar al juez principal, Darío Herrera, en la jugada más discutida del partido: el empujón de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta dentro del área, que no fue sancionado como penal.
Tras el encuentro, el propio Paletta defendió su decisión y explicó su criterio: "La filosofía mía es siempre tratar de respaldar la decisión de campo. Hubo un equipo arbitral que valoró que hubo un contacto y ese contacto no tenía suficiente fuerza para derribar al defensor". Además, calificó la jugada como "gris" y cuestionó la repercusión mediática: "Más allá de una decisión arbitral que para unos puede ser penal y para otros no, se creó algo mediático, un fusilamiento".
Las consecuencias no tardaron en llegar en el plano deportivo. Luego del Superclásico, fue designado en partidos de menor exposición y no estuvo presente en instancias decisivas del torneo.