El encuentro disputado en Belo Horizonte por la vuelta de los octavos de final de Copa Libertadores entre San Lorenzo y Atlético Mineiro quedó demorado por disturbios.
Sobre el final del partido, en el minuto 35, el árbitro tuvo que detener el partido debido a que la violenta policía de Lula da Silva había detonado bombas de gas lacrimógeno.
Nuevamente la misma historia de represión sobre hinchas de los equipos argentinos en Brasil en una noche de vergüenza en las gradas que será recordada por la violencia.
Los afectados fueron los casi mil hinchas del conjunto visitante, con golpes y gases que no solo afectaron a los simpatizantes argentinos, sino que también llegaron al público anfitrión.
Los simpatizantes del Cuervo se dispersaron intentando huir de los bastonazos y la policía detonó bombas de gas. Esto se extendió sobre el campo de juego, sin distinguir entre jugadores visitantes y los locales, por lo que conmocionó a todos. Muchos jugadores terminaron vomitando sobre el césped, ya que el referí del partido no mandó a los jugadores a resguardarse a los vestuarios.








