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Economía

La izquierda denuncia que aumenta el arroz: ¿presión inflacionaria o cambio de precios relativos? 

El IPC para el mes de agosto, medido por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, cerró en torno al 2,44% anual, con un alza de tan sólo el 0,24% con respecto al mes de julio. Sin embargo, numerosas voces denuncian fuertes aumentos. ¿A qué se debe este fenómeno?

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Con la reanudación de la actividad económica luego de meses de aislamiento en las grandes ciudades, Brasil salió del escenario deflacionario característico de los meses de abril y mayo, cuando los precios bajaban alrededor del -0,35% mensual. El rebote posibilitó el retorno de muy tenues aumentos en la economía. 

A pesar de las denuncias que alertaban sobre fuertes aumentos en los precios y un “rebrote inflacionario”, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) anunció que la inflación para el mes de agosto se ubicó en sólo 0,24% contra el mes anterior, y acumula un incremento anual del 2,44%.
El ritmo inflacionario es uno de los más bajos desde abril del 2019, cuando la inflación había alcanzado un pico de 5% en términos anualizados. 

Tomando un poco más de perspectiva, el incremento de precios resulta todavía más insignificante, si se lo compara al comportamiento económico registrado a finales de 2015 y mediados de 2016, cuando la expresidente Dilma Rousseff era destituida del gobierno. 

Aún con esta situación, en los últimos días han sido particularmente numerosos los reclamos sobre aumentos de precios en bienes alimenticios, así como las materias primas en general, y muchos sectores responsabilizaron a Jair Bolsonaro por este comportamiento en los precios. 

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En efecto, se registraron importantes aumentos en el sector de los alimentos, como fue el caso del arroz, la leche, todas las carnes en general, cierto tipo de verduras, y el aceite de soja, entre otros. Los aumentos no fueron proporcionales, pero oscilaron entre el 6% y el 110% (con respecto a agosto de 2019). 

Sin embargo, el aumento de precios en los alimentos no responde a una dinámica inflacionaria (monetaria), pues la economía registró resultados deflacionarios en otros sectores contabilizados para la elaboración del IPC general. 

Lo que ocurre es que hubo un importante cambio en los precios relativos, y no un aumento generalizado de los mismos. 

Los precios relativos, lo que cuesta un bien en relación a otros, responde a una lógica cambiaria y comercial, en el panorama de un Brasil cada vez más integrado al mercado internacional

Según el Ministerio de Economía de Brasil, representado y presidido por el ministro Paulo Guedes, estos aumentos se deben a la evolución de las cotizaciones del real frente al dólar u otras divisas extranjeras, una devaluación de la moneda.

La devaluación impactó sobre los precios “dolarizados”, cuyos insumos responden directamente a este tipo de fluctuaciones, pero la economía en su conjunto no se vio afectada por un problema inflacionario, y simplemente se adaptó a una nueva estructura de precios. No hubo una pérdida del poder adquisitivo.

Al devaluarse el real, el incremento en las exportaciones fue notable, especialmente en aquellos rubros que se dedican al abastecimiento del mercado chino, muy golpeado por la pandemia y con un gran apetito importador.

Al priorizar el mercado externo, los productos locales sufrieron un aumento en su precio relativo, en particular los que fueron altamente demandados a lo largo de toda la pandemia, como la muy denunciada por la izquierda “bolsa de arroz”.

El presidente Bolsonaro contestó sobre este tema en una entrevista informal en la calle, ya aseguró que “nosotros no vamos a intervenir en los precios de la economía, nunca, repetí conmigo.

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La actual demanda china de productos alimenticios y commodities, con un comportamiento anormal a razón de las condiciones impuestas por la pandemia, influyó notablemente en el aumento de los precios internos para este tipo de productos en Brasil, pues la oferta no fue capaz de seguir el ritmo de la demanda. 

El gobierno de Bolsonaro ha decidido no violentar el sistema de precios y permitir las alzas y bajas correspondientes al proceso que se está viviendo, y se planteó apostar por un mayor incentivo a la producción (la oferta), para garantizar el abastecimiento nacional y disminuir la presión sobre los precios locales. 

En lugar de colocar instrumentos regulatorios o imponer retenciones a las exportaciones, como podría ser una típica respuesta argentina a este tipo de problemas, Brasil apuesta por la competitividad y anunció la eliminación de aranceles a la importación de arroz, maíz y soja, entre muchos otros productos de índole alimenticio. 

Mientras en Argentina las devaluaciones implican más restricciones, en Brasil se las aprovecha para abrir todavía más la economía y aprovechando la ganancia extra en la competitividad, a razón de la depreciación del real. La agenda de Bolsonaro y Guedes es clara: exportar e importar más, para reactivar la economía. 

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Economía

Para The Economist, un default argentino conducirá a un caos generalizado como en 2001

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La fuerte turbulencia en el mercado cambiario anticipa solo una parte de las funestas consecuencias que atravesará el país si no se consigue un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

El rebote de la economía argentina se encuentra cada vez más comprometido conforme se derrumban los pilares básicos de la macroeconomía. La más reciente editorial en The Economist sobre la Argentina, revela una sombría visión sobre el desenlace económico del país sin finalmente el Gobierno fracasa en concretar un acuerdo con el FMI.

De producirse un eventual default, el caos económico y político devenido de ello podría no tener nada que envidiarle al pánico del año 2001. Si Argentina pierde el acceso al poco financiamiento de organismos multilaterales, y dado el abrupto desequilibrio fiscal, la expansión monetaria que esto requiere podría traer serias turbulencias inflacionarias.

En el artículo, titulado “La loca existencia de la Argentina”, se recopilan 20 años de historia económica y se advierte que, de no llegar a un acuerdo, el costo recesivo sobre le país podría ser similar al que hubo entre 2001 y 2002. El artículo señala que, desde el año 2012, Argentina se encuentra atrapada en la estanflación, sin poder salir exitosamente en la gestión de Mauricio Macri.

El enfoque exageradamente gradualista no atacó, ni pretendió atacar, el resultado fiscal deficitario durante los tres primeros años del Gobierno de Macri. El resultado fue una irrisoria dependencia de capital extranjero para financiar los desequilibrios fiscales, algo que finalmente no pudo sostenerse en el tiempo y desembocó en una aguda recesión desde 2018 y en adelante.

Del mismo modo que The Economist, numerosos analistas locales compartieron las preocupaciones en torno a la economía argentina. Para el destacado economista Miguel Ángel Broda, a lo largo del 2022 el país podría tener una inflación de entre el 55% y 70% anual, cuando ya se venía del 50,9% anual en 2021. Pero sin un acuerdo con el Fondo, se podría alcanzar incluso los tres dígitos de inflación.

Incluso con acuerdo, los analistas locales estiman un gran riesgo sobre qué tan factible sería el cumplimiento progresivo de las metas trimestrales cuantitativas y cualitativas que suponga un acuerdo fiscal serio. De no cumplirse en tiempo y forma, pese a la voluntad de pago que pueda haber, el default acontecería de forma inexorable y sus consecuencias serían las mismas.

El pánico por un eventual default se tradujo en una fuerte corrida contra el peso en el día de hoy, siendo que el dólar en el mercado paralelo llegó a cotizar en los $223 al mediodía, y el Contado con Liquidación llegó incluso a un pico de $236 a las 12:50 de la jornada. Estas cifras marcaron un récord histórico.

Alberto Fernández y su equipo fueron tomados completamente por sorpresa y el Gobierno sigue paralizado, sin ofrecer ningún tipo de respuesta al caos cambiario. La vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner decidió desentenderse de los problemas económicos y se reunió con la hija de Hugo Chávez con el motivo de la asunción de Xiomara Castro en Honduras, y no perdió oportunidad para criticar duramente al FMI por lo que catalogó de “políticas de ajuste”.

El propio Alberto Fernández, hace tan solo dos días, rechazaba tajantemente cualquier tipo de ajuste sobre las finanzas públicas, en lo que parece ser una posición casi irreconciliable sobre la cuál es imposible celebrar un acuerdo con el FMI. Las pesadas declaraciones en las esferas más altas del oficialismo no ayudan en vislumbrar un posible acuerdo.

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Economía

Demora el acuerdo con el FMI: se dispara el dólar y los bonos cotizan en mínimos históricos

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La falta de respuestas por parte del ministro Martín Guzmán generó un fuerte cimbronazo en los mercados financieros. El dólar paralelo alcanzó los $223 y algunos bonos volvieron a tener rendimientos negativos en pesos.

El Gobierno de Alberto Fernández parece completamente incapaz de dar respuestas concisas para la estabilidad macroeconomía del país. El Fondo Monetario Internacional pidió un programa para la consolidación de las cuentas públicas, pero el ministro Martín Guzmán se niega a realizar cualquier tipo de ajuste fiscal en 2022.

El espectáculo brindado por el oficialismo generó un fuerte pánico en los mercados financieros y de cambios, por lo que el dólar paralelo llegó hasta los $223 en pocas horas, subiendo $2 con respecto a la jornada anterior. Los mercados aún no visualizan un acuerdo, y se preparan para el peor de los escenarios: un trágico default.

Aún a pesar del nivel de déficit del sector público, la financiación del mismo se torna el principal problema alrededor de todo el riesgo crediticio, financiero y cambiario, pues el Gobierno recurre únicamente a la emisión monetaria descontrolada como el mecanismo para financiar sus desequilibrios. La financiación monetaria tuvo un impacto directo en el tipo de cambio sin intervención.

El Riesgo País llegó a los 1.916 puntos básicos en la jornada del día jueves según lo mide la firma JP Morgan, el valor más elevado desde la restructuración del 2020. Por otra parte, el precio de los instrumentos financieros argentinos se encuentra en mínimos históricos.

En la jornada del jueves, la mayor parte de los bonos argentinos en dólares mostraron caídas, marcando un promedio del 3%. Ejemplos de estos bonos son el Bonar 2030, o lo Globales 2046 y 2030.

Los bonos llegaron a niveles de rendimiento verdaderamente irrisorios: el bono AL30 llegó incluso a registrar un rendimiento del negativo del 0,5% en pesos. En otras palabras, el desempleo del AL30 fue tan devastador, que incluso hubiera sido preferible mantener pesos en efectivo por el plazo de tenencia del bono, y así evitar cargar con un rendimiento de características tan funestas.

En general, los bonos denominados en moneda local y sin ajuste por inflación (CER) son los instrumentos que más sufrieron la dramática gestión del ministro Guzmán, que no pudo inspirar la suficiente confianza para coordinar las expectativas de mercado, ni tampoco la suficiente credibilidad fiscal como para cerrar un acuerdo con el FMI en tiempo y forma.

También se produjo un alza importante en todos aquellos instrumentos que responden como un seguro ante un incumplimiento del Estado argentino con sus acreedores. Los famosos seguros de default aumentaron drásticamente su probabilidad de ocurrencia de pago, pasando del 44% al 66% en el día de hoy. Esto también fue tomado como una fuerte señal de alerta que complica la situación del Gobierno con el FMI.

Dada la crítica situación de reservas internacionales en el Banco Central, la mayoría de las consultoras privadas estimaban un acuerdo, como muy tarde, para fines de marzo de este año. Una vez pasado ese período Argentina no tendrá ni un solo dólar para afrontar los vencimientos de sus obligaciones, dada la actual política monetaria y cambiaria del BCRA.

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Economía

Deuda con el FMI: ¿Qué consecuencias podría atravesar Argentina si no paga el vencimiento?

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Después de abonar los U$S1.100 millones adeudados en febrero, Argentina se quedará sin dólares para pagar los siguientes vencimientos, y podría entrar en cesación de pagos en marzo.

Las negociaciones argentinas por la renegociación del pago de la deuda que mantiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI) están en un punto complicado. Mientras Guzmán negocia atrasar los pagos, Alberto Fernández asegura que no pueden hacer ningún ajuste antes de 2027, algo que no contenta al Fondo.

Este viernes que viene y el martes próximo se vencen dos plazos de pagos que acumulan unos U$S1.100 millones, que apenas podrá pagar el Banco Central. El próximo pago es en marzo y con las reservas líquidas no va a alcanzar para pagarlo.

Sin un acuerdo rápido con el FMI un default es prácticamente una certeza, y esto tendría una serie de implacancias no solo para el mercado argentino si no para el mismo organismo internacional, que dejaría de recibir los pagos de la deuda más grande que tiene activa en estos momentos.

En principio, la negativa de pagar traería consigo tensiones fuertes en el mercado de cambios y a los activos financieros argentinos. El Riesgo País se dispararía, y el Banco Central se quedaría sin dólares para intervenir en el mercado de cambios, por lo que se podría esperar una fuerte suba en la cotización de los segmentos paralelos.

El otro punto, y quizá el que más preocupa, es que si Argentina se negase a pagar, podría a la larga ser expulsada como miembro del organismo. Y si bien no caería en default de manera inmediata, iniciaría un camino que la llevaría a ello.

En definitiva, el extremo máximo del incumplimiento con el FMI podría generar que el organismo haga público que uno de sus miembros incumplió el pago, difundiendo el monto y expulsándolo de Fondo. Esto imposibilitaría a la Argentina tener cualquier tipo de asistencia por parte del organismo y de cualquier prestamista privado, hasta tanto cancelase la deuda.

El freno del ingreso de dólares por parte de préstamos internacionales, si no se compensa con una baja del gasto público, obligaría al Banco Central a aumentar su financiamiento al Tesoro, lo que produciría más emisión monetaria de pesos y, por ende, más inflación.

Po último, y esto ya siendo una consecuencia de mercado, habría una importante caída de los flujos de inversión privados, dado el escenario económico de gran incertidumbre, por lo que entrarían incluso menos dólares al país y generando una espiral de escasez de divisas extranjeras que desembocarían casi certeramente en una hiperinflación.

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