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Economía

¿Se viene una recesión en Estados Unidos? La actividad volvió a caer en febrero y no crece desde noviembre de 2021

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La economía de Estados Unidos enfrenta una severa desaceleración desde octubre del año pasado, mientras que la inflación llegó al 7,9% anual en febrero. Alertan una recesión si continúa este rumbo.

La economía de Estados Unidos muestra signos de desaceleración, a pesar de los programas de “estímulo” aprobados por el presidente Joe Biden y los demócratas. Según los datos elaborados por la firma IHS Markit, la economía estadounidense cayó un 0,14% en febrero contra el mes anterior.

Las señales de agotamiento y recalentamiento se vienen produciendo desde noviembre del año pasado, pues el nivel de actividad mensual en el mes de febrero cayó un 0,45% con respecto al pico alcanzado en octubre de 2021.

El bajo desempeño del nivel de actividad económica se produjo en conjunto a una gran aceleración inflacionaria. La inflación interanual de Estados Unidos trepó del 1,4% en enero de 2021, hasta llegar al 7,8% en febrero de este año. Solamente en febrero, los precios minoristas crecieron un 0,8%, e incluso tuvieron un aumento superior al 0,9% en junio y octubre del año pasado.

Actividad económica de Estados Unidos entre 2015 y 2022.

Eliminando las variaciones de productos típicamente volátiles, como los alimentos y la energía, la llamada inflación “núcleo” de Estados Unidos llegó al 6,41% anual en febrero de 2022. Se evidencia que, aún a pesar del contexto internacional adverso y el cambio de precios relativos en la energía y las commodities, el aumento generalizado de los precios estadounidenses responde al excesivo incremento de la masa monetaria.

La inflación núcleo no registraba niveles tan altos desde agosto de 1982, el último gran episodio de estanflación que sufrió ese país. Por su parte, la variación de precios minoristas a nivel general también es la más elevada desde 1982.

Cada vez más voces se alzan para advertir la llegada de una recesión en conjunto con una elevada tasa de aumento de precios. El ex secretario del Tesoro de la administración Clinton, Larry Summers, criticó el rumbo heterodoxo asumido por Biden y advirtió por una muy probable recesión.

El economista se mostró escéptico de un escenario de estabilización sin afectar al nivel de actividad (evitar la recesión). En su lugar, señaló que históricamente la Reserva Federal enfrentó duras dificultades para estabilizar lo precios con un nivel de inflación similar al actual.

“Si la experiencia de la década de 1970 nos ha enseñado algo, es que para cuando se arraiguen las altas expectativas de inflación, es demasiado tarde para reducir la inflación sin una recesión importante. Y hay evidencia de que se están formando expectativas adversas. Después de permanecer esencialmente constante hasta 2021, las expectativas de inflación a cinco años que comienzan dentro de un año han aumentado en un tercio de punto porcentual en 2022”, explicó Summers.

En respaldo del diagnóstico de Summers y otros economistas, el relevamiento de expectativas de inflación de la Universidad de Michigan estima que el consenso de inflación esperada se duplicó entre diciembre de 2020 y febrero de 2022, llegando a un piso de 5% anual.

Otros economistas como John B. Taylor, criticaron el rol pasivo de la Reserva Federal a lo largo de 2021, que no estuvo dispuesto a compensar la acertada política de 2020 para evitar una gran depresión. En su lugar, la FED mantuvo las tasas de interés en niveles negativos en términos reales, y su programa actual de aumentos no parece dispuesto a alcanzar la neutralidad (compensando la inflación).

Además, Taylor criticó fuertemente el programa de estímulo fiscal impulsado por Biden y los demócratas en marzo de 2021. El programa llevó el déficit fiscal del 15,8% del PBI al 18,3% entre enero y marzo, pero sus efectos sobre la economía solamente duraron unos pocos meses y fueron insatisfactorios.

El déficit del Tesoro norteamericano cayó al 9% del PBI en febrero de este año, y aún permanece casi 4 puntos por encima del que tenía en el año 2019, a pesar de que el nivel de actividad económica ya se recuperó de la pandemia. La falta de disciplina fiscal y monetaria complejiza el escenario de estanflación en la economía más importante del mundo. 

Economía

Severa previsión de JP Morgan para la Argentina de 2023: 111% de inflación, incumplimiento con el FMI y recesión

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La reconocida firma financiera se mostró escéptica por el cumplimiento de las metas fiscales con el FMI en medio de un año electoral y con un Gobierno kirchnerista. Anticipó que la inflación duplicará la presupuestada, y la actividad entrará en recesión. 

El banco más importante de los Estados Unidos, la firma JP Morgan & Chase publicó su Outlook global con las principales proyecciones sobre las economías del mundo en vista al 2023. Los pronósticos para Argentina suponen un baldazo de agua fría para las apetencias del Gobierno de Fernández, ya que se estima que todas y cada una de las metas propuestas no podrán cumplirse. 

El banco concluyó que la inflación interanual para diciembre de 2023 podría escalar el 111% sobre el segmento de precios minoristas, prácticamente el doble de lo que plasmó en el Presupuesto el equipo económico de Sergio Massa. De hecho, este escenario sugiere un cierto optimismo en comparación a las perspectivas de la mayoría de las consultoras privadas locales, que esperan una inflación incluso más elevada. 

De cualquier forma, la inflación interanual se consolidaría cómodamente en los 3 dígitos a lo largo del año próximo. Estos resultados son consistentes con un nivel de inflación mensual en torno al 7%, una cifra muy distante al 4,4% que resulta compatible con el pronóstico del oficialismo. 

Los controles de precios minoristas y tarifas reguladas no suponen un ancla nominal creíble y suficiente como para poder alcanzar los objetivos planteados por Massa, por lo que realmente la meta de 60% para diciembre de 2023 parece un número inalcanzable. 

 Asimismo, JP Morgan estimó que la actividad económica caerá por lo menos un 0,5% durante el próximo año. Una parte de esta estimación se debe al arrastre estadístico sobre las perspectivas para el segundo semestre de este año, que sugieren el comienzo de la recesión. 

La economía podría caer en los últimos meses de 2022 y los primeros de 2023, para luego permanecer virtualmente estancada en un típico escenario de estanflación, y de esta forma arrojando una variación anual negativa sobre la tasa de crecimiento. 

La firma financiera no ocultó sus dudas acerca del cumplimiento de las metas trimestrales con el Fondo Monetario Internacional. Aseguró que su cumplimiento constituye un “desafío” en medio de un año electoral y frente a un Gobierno que no dudó en expandir la política fiscal durante las elecciones de medio término en 2021. 

Las últimas proyecciones sobre la inflación interanual y el crecimiento económico no incluyen los efectos de un eventual incumplimiento, ya que de producirse y colapsar el proceso de refinanciación de la deuda externa, el escenario podría tornarse aún más adverso. 

El acuerdo determina que el déficit fiscal primario (sin intereses) del Sector Público Nacional deberá cerrar este año en el 2,5% del PBI, para volver a retroceder al 1,9% en diciembre de 2023. El financiamiento monetario directo vía “adelantos transitorios” deberá terminar el 2022 en el 1% del producto, y anularse por completo para el año próximo.

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Economía

Massa quiere que las Provincias le presten al Tesoro frente a la falta de interesados privados

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El ministro de Economía está listo para desplegar una “aspiradora de pesos” y ampliar el margen de la deuda pública doméstica, pero esta vez teniendo como acreedores a las Provincias y los organismos públicos frente a la reticencia del sector privado. 

En una nueva maniobra peligrosa y desesperada ante el fracaso de las licitaciones en pesos, el ministro de Economía Sergio Massa pretende seguir expandiendo el endeudamiento público en pesos, pero esta vez acudiendo a la liquidez que presentan las Provincias.

Se pretende captar todo el financiamiento que el sector privado ya no está dispuesto a refinanciar. Crecen las expectativas por un eventual “reperfilamiento” de plazos, intereses y capital sobre la deuda en pesos, incluso a pesar de que el Banco Central podría rescatar toda la deuda que fuera necesaria a costa de un shock inflacionario brutal. 

El ministró colocará nuevos bonos con un plazo de hasta 120 días y cuya fecha de emisión será el próximo jueves 30 de noviembre, que será ofrecido a las Provincias. La clave de la operación es la posición que tienen las Provincias en plazos fijos con una remuneración del 75% nominal anual y aún superior en términos efectivos.

Si el Tesoro pretende que las Provincias desarmen su posición en plazos fijos para prestarle dinero y transferir su liquidez, se deberán colorar bonos a una tasa que compense y supere a las que se perciben con los plazos fijos. A la fecha, ni las tasas ni los montos de capital fueron establecidos públicamente por la cartera de Economía. 

La liquidez de las Provincias, aquellos fondos tan codiciados por el ministerio de Economía asciende a un monto equivalente a 1,6 billones de pesos a valores actuales, un valor más que suficiente para concluir los compromisos del año sin necesidad de recurrir a la emisión monetaria directa (adelantos transitorios) o la indirecta (rescate de deuda pública). 

Asimismo, Massa no solo apunta a las entidades provinciales sino también a las empresas públicas y los organismos descentralizados. Se calcula que la liquidez sobre estas últimas instituciones alcanza los $1,12 billones, y los municipios retienen hasta $348.000 millones depositados en plazos fijos en pesos. 

Los vencimientos de corto plazo del Tesoro, solamente por la deuda doméstica en pesos, ascienden hasta los $700.000 millones hasta fin de año. Se estima que se obtendrán cerca de $250.000 millones como resultado del cobro de retenciones tras la liquidación de la soja a través de la nueva paridad cambiaria especial, pero el monto remanente espera cubrirse con más endeudamiento. 

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Economía

Bomba inflacionaria: Los intereses de deuda que paga el Banco Central superan a todo el déficit primario del Tesoro

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La deuda acumulada del Banco Central es tan grande que solamente por sus intereses se destinan más gastos que la totalidad del déficit primario del Sector Público Nacional. El masivo endeudamiento del Central aumenta las perspectivas para una mayor devaluación futura.

La bola de nieve financiera en el Banco Central creció a los niveles más peligrosos en más de 30 años. Los pasivos remunerados del BCRA representaron un monto cercano al 11% del PBI al término del mes de octubre, y la deuda comparada contra la base monetaria escaló a la proporción más violenta desde 1989.

La última vez en que Argentina sufrió una situación similar, el crack bancario y el desarme de la bomba financiera desencadenó dos hiperinflaciones y el famoso “Plan Bonex” como una medida de emergencia para tratar de detener el fenómeno.

Deuda del Banco Central (BCRA) desde 1983.

Solamente por el pago de los intereses de la deuda del BCRA se destinaron hasta $2,5 billones en los 12 meses acumulados hasta octubre. Esto representa una fracción equivalente al 3,06% del PBI de referencia para el mismo período.

Estos resultados se consideran tomando al total acumulado de un año, pero incluso considerando el pago de intereses de las Leliq y Pases sólo para noviembre, el Central desembolsó $540.000 millones. Esta cifra astronómica supera el gasto en jubilaciones y pensiones del Tesoro para el mismo mes, que llegó a los $510.000 millones.

La totalidad del déficit primario del Estado nacional (sin contabilizar los intereses por la deuda pública) representó un monto de 1,62 billones de pesos en los 12 meses finalizados en octubre, lo cual representa el 2,56% del producto. El pago de intereses del Central supera a todo el rojo primario desde el mes de agosto, cuando Sergio Massa se hizo cargo de la cartera de Economía

Déficit cuasifiscal y resultado primario del Sector Público Nacional (SPN) entre 2019 y 2022.

El déficit consolidado del Gobierno supera los 10 puntos del PBI si se suman los desequilibrios primarios, los intereses por la deuda pública y los intereses de la deuda del Banco Central. Constituye el desequilibrio más importante de las últimas 3 décadas. 

Los intereses de la deuda del Central, también catalogados como “déficit cuasifiscal” en la jerga económica, arrojan una fuerte presión sobre las expectativas de devaluación, ya que en caso de desarmarse se vería expulsada una gran cantidad de pesos al mercado sin ninguna contraprestación. En esta situación el peso enfrentaría una violenta corrida que se reflejaría en todas las paridades del dólar. 

Pero aún sin “estallar” y produciéndose constantes renovaciones de la deuda en Leliq y Pases, se produce un mecanismo por el cual la emisión monetaria se torna endógena e independiente incluso del déficit fiscal. La emisión toma rienda libre por sí misma, y si la tasa de interés de la deuda remunerada es lo suficientemente alta, el mecanismo se vuelve inestable y tiende al colapso. 

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