La dolarización, implementada en el año 2000, marcó un punto de inflexión en la historia económica de Ecuador. En un contexto de crisis inflacionaria y colapso del sistema financiero, esta medida emergió como una solución drástica pero necesaria para devolver la estabilidad al país.
Hoy, 25 años después, sigue siendo uno de los pilares que sostiene la economía ecuatoriana, aunque no está exenta de controversias políticas. El debate sobre su continuidad ha tomado fuerza en el escenario electoral actual, donde las posturas de los candidatos reflejan visiones opuestas para el futuro del país.
La dolarización ha traído consigo numerosos beneficios para la economía ecuatoriana. Entre ellos destacan la estabilidad de precios, con una inflación promedio del 2% al 3% en las últimas dos décadas, y la preservación del poder adquisitivo de los ciudadanos.

Además, eliminó el riesgo de devaluación monetaria y permitió un crecimiento sostenido en las exportaciones no petroleras. A pesar de las crisis económicas globales, el sistema financiero nacional ha mantenido una relativa estabilidad gracias a este modelo.
La idea de retornar al sucre o a una moneda nacional propia es rechazada por más del 90% de los ecuatorianos. Esto se debe a que muchos recuerdan la crisis previa a la dolarización, caracterizada por una inflación galopante y la pérdida constante del valor de sus ahorros.












