El Partido Demócrata de los Estados Unidos no logra recaudar fondos y acumula tanta deuda que está usando su sede partidaria como garantía para un préstamo de 15 millones de dólares. Por el contrario, el Partido Republicano de Trump no registra deudas pendientes y cuenta con 128 millones de dólares en efectivo disponible, según los informes de la Comisión Federal de Elecciones (FEC).
Gran parte de los problemas financieros de la oposición se debe a las elecciones presidenciales de 2024 en las que cayeron derrotados. El partido se encuentra en números rojos a tal punto que hipotecó el edificio en donde se encuentra su sede partidaria en Washington como garantía para que le den un préstamo millonario, según informó el lunes el medio NOTUS.
Ante la difícil situación financiera, muchos allegados están pidiendo la cabeza del presidente Ken Martin, a quien los empleados acusan de maltrato y de adoptar una actitud "paranoica". Por ahora, Martin cuenta con el apoyo de los pesos pesados del partido, aunque legisladores y analistas políticos han comenzado a exigir su renuncia.
El exvicepresidente del Comité Demócrata, David Hogg, señaló esta semana que los demócratas no deberían tener al frente del partido a alguien que no sabe recaudar fondos, "y mucho menos a alguien que les arroja objetos a los empleados", mientras que el veterano estratega James Carville sugirió que Hogg debería asumir el cargo ante el liderazgo "disfuncional" de Martin.
Los demócratas no pueden recuperarse de la derrota de 2024 todavía.
Actualmente, los analistas predicen que los demócratas asumirán el control de la Cámara de Representantes en una elección que será muy pareja, mientras que se espera que la lucha por el control del Senado favorezca a los republicanos.
El partido opositor necesita ganar seis de las ocho contiendas disputadas para dar vuelta la cámara alta, una hazaña política que se antoja improbable. Los demócratas tendrían que ganar en lugares como Alaska, Iowa y Texas, que son estados que no han elegido a un senador demócrata desde el 2008, y recuperar escaños como el de Maine, ocupado actualmente por la republicana Susan Collins.
Ken Martin está en la cuerda floja y podría renunciar como presidente del Partido Demócrata.