El Gobierno de Donald Trump anunció este lunes que rechaza el Pacto Mundial para la Migración, acusando a la Organización de las Naciones Unidas de promover políticas que favorecen la inmigración masiva hacia Estados Unidos y otros países occidentales.
A través de un comunicado oficial del Departamento de Estado, Estados Unidos confirmó que no participó en el segundo Foro Internacional de la Migración, realizado del 5 al 8 de mayo en la sede de la ONU en Nueva York. Según se indicó, el país tampoco apoyará el documento final que se esperaba consensuar entre los Estados miembros.
De acuerdo con la Red de Migración de la ONU, este foro representa la principal plataforma global para evaluar la implementación del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular. En esta edición, el objetivo era avanzar en una “Declaración de Progreso” conjunta entre gobiernos.
Sin embargo, la administración Trump ratificó su postura histórica de rechazo a este marco internacional. Durante su primer mandato, en 2017, el entonces presidente ya había retirado a Estados Unidos del proceso de elaboración del pacto, el cual finalmente fue adoptado en 2018 sin la participación estadounidense. Ahora, el Departamento de Estado aseguró que el gobierno volverá a reafirmar su oposición.
En su comunicado, la administración Trump fue categórica al cuestionar las políticas migratorias impulsadas por organismos internacionales. "Como dijo el secretario Rubio, abrir nuestras puertas a la migración masiva fue un grave error que amenaza la cohesión de nuestras sociedades y el futuro de nuestros pueblos", expresó el documento oficial.
El texto también sostiene que la inmigración masiva ha tenido consecuencias directas en Estados Unidos: "Los estadounidenses han sido testigos directos de cómo la inmigración masiva ha devastado nuestras comunidades".
Y destacó: "Delincuencia y caos en la frontera, estados de emergencia en las principales ciudades y miles de millones de dólares de los contribuyentes destinados a hoteles, billetes de avión, teléfonos móviles y tarjetas de débito para los migrantes".
En esa misma línea, el Departamento de Estado afirmó que "gran parte de esto fue impulsado por agencias de la ONU y sus socios, que no solo facilitaron la invasión de nuestro país, sino que procedieron a redistribuir la riqueza y los recursos de nuestro propio pueblo a millones de extranjeros de los peores rincones del mundo".
El gobierno estadounidense también cuestionó que los costos de estas políticas recaen sobre los trabajadores: "Fueron asumidos principalmente por los trabajadores estadounidenses obligados a competir por empleos, viviendas y servicios sociales escasos". Además, sostuvo que "la ONU tiene poco que decir sobre ellos".
El comunicado además advierte que EEUU no apoyará ningún proceso que limite su soberanía: "Estados Unidos no apoyará un proceso que imponga, de forma abierta o encubierta, directrices, normas o compromisos que restrinjan el derecho soberano y democrático del pueblo estadounidense a tomar decisiones en beneficio de nuestro país".
En ese marco, el Departamento de Estado afirmó que su objetivo no es “gestionar” la migración, sino “fomentar la remigración”.
En el mismo sentido, el comunicado cuestionó la postura de la ONU frente a las políticas de deportación: "Tras facilitar la migración masiva a Estados Unidos, las agencias de la ONU condenaron la deportación de inmigrantes ilegales".
Finalmente, el gobierno de Trump rechazó la definición del pacto sobre la migración ya que "nunca fue segura" e "introdujo nuevas amenazas a la seguridad, impuso dificultades financieras y socavó la cohesión de nuestras sociedades".
Y concluyó: "Estados Unidos no legitimará los pactos mundiales que permitan la migración masiva hacia Estados Unidos o las naciones occidentales".