Seguinos en redes

Rusia

A un año de la guerra en Ucrania: Putin controla un cuarto del país mientras la OTAN expande su participación

Publicado

en

La invasión que iba a durar no más de tres meses se convirtió en una guerra proxy sin precedentes entre la OTAN y Rusia, mientras Biden pone como objetivo final el cambio de régimen en Moscú.

Este 24 de febrero, se cumple exactamente un año desde el lanzamiento de la Operación Militar Especial de Rusia sobre Ucrania, que no iba a durar más de 3 meses, en palabras del propio presidente Vladimir Putin, pero que se convirtió en un momento bisagra en la historia moderna que sin lugar a duda será visto en el futuro como el momento de quiebre y cambio del orden internacional que venía desde la caída del Muro de Berlín.

La guerra se convirtió en la primera que libra Rusia en territorio europeo desde la Segunda Guerra Mundial, y tiene la particularidad de estar librándose de manera convencional, algo que no se veía en mucho tiempo en el escenario bélico prácticamente en ninguna parte del mundo.

Además, tanto los Estados Unidos, como la Unión Europea y decenas de países más alineados con la OTAN firmaron paquetes de sanciones sin precedentes sobre personas, empresas y el Kremlin en un intento por ejercer la guerra económica contra Rusia, y frenar su total capacidad militar.

La guerra también ha sido identificada como un conflicto "proxy", un tipo de guerra que se produce cuando dos o más potencias utilizan a terceros como sustitutos en el campo de batalla, en vez de enfrentarse directamente.

En este caso, se señala a la OTAN como la que está librando una "guerra proxy" contra Rusia, utilizando al Ejército ucraniano como sustituto. Estos "conflictos por delegación", como también se los ha llamado, eran muy frecuentes en el marco de la Guerra Fría, y permitían evitar que la Unión Soviética y los Estados Unidos se enfrentaran directamente, lo cual sin duda habría terminado en una escalada nuclear.

Sin embargo, tras la caída de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos entró en un momento de hegemonía unipolar en el cual durante más de una década sostuvo su posición sin ningún competidor estratégico que pusiera en duda el dominio multisectorial de la geopolítica en todo el mundo.

En 2001, tras el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, Estados Unidos se tambaleó y entró en una serie de conflictos en Irak, Afganistán y demás que no salieron como esperaba. En este contexto, durante los últimos 20 años, si bien mantuvo su posición hegemónica, Washington entró en un proceso de pérdida de poder relativo frente al ascenso de China y nuevamente Rusia como potencias que pujarían por su poder.

Hoy, el comienzo de una nueva Guerra Fría con China es innegable y el ataque de Rusia a Ucrania, un país que desde el Euromaidán en 2014 se encontraba bajo el total control de los Estados Unidos, demuestran que ya Washington no controla el plano mundial como alguna vez lo hizo.

Tras un año de conflicto en Ucrania y la reconfiguración de muchos aspectos del orden internacional, hoy Estados Unidos ha perdido su condición de potencia hegemónica en el orden internacional y ahora para resolver conflictos y defender sus intereses debe librar brutales conflictos frente a otros actores con similar relevancia, como lo son China, Rusia y el bloque europeo que tiene intereses distintos a los americanos en algunos aspectos, sobre todo los industriales.

La guerra en Ucrania

Pero sí desde 1991 hasta la fecha se señala el ataque a las Torres Gemelas como el principio del fin de la hegemonía estadounidense, sin dudas la invasión rusa de Ucrania es el momento justo que los libros de historia identificarán como el fin del hegemón y el comienzo de una nueva era multipolar.

Desde el comienzo del conflicto hace un año, no se conoce a ciencia cierta cual es el número de muertos y según la fuente que se consulte puede variar considerablemente. Del lado ucraniano y sus aliados, fuentes como el Ejército de Noruega estiman la muerte de 180.000 rusos y de 100.000 ucranianos. Por su parte, las fuentes rusas difieren de este dato y proclaman que ya hay 250.000 ucranianos muertos y tan solo unos pocos miles de rusos caídos en combate. Ambas cifras parecen exageradas.

Según las fuentes consultadas por La Derecha Diario en las últimas semanas, que incluyen militares expertos y analistas neutrales en el conflicto, el ratio de muertes en el primer año de la guerra ha sido de 1 ruso por cada 6 o 7 ucranianos.

Esto significa que de haber 180.000 ucranianos muertos, un valor "de consenso" entre las distintas fuentes, habría alrededor de 30.000 rusos muertos en combate. Estos números no son oficiales, y probablemente no se sabrá a ciencia cierta cuántos muertos hubo en total hasta que termine definitivamente el conflicto.

Lo que sí, hay un dato escalofriante. Desde el 24 de febrero de 2022 hasta hoy, hubo más de 10 millones de ucranianos se han exiliado, principalmente a Polonia y otros países de Europa del Este, pero también a Alemania, Francia, el Reino Unido, Canadá y los Estados Unidos.

En cuanto al daño en infraestructura, "según las últimas estimaciones que tenemos, la cantidad total de daños causados ​​a la infraestructura crítica y civil de Ucrania supera los 127.000 millones de dólares", dijo la primera viceministra de Asuntos Exteriores de Ucrania, Emine Dzhaparova, durante un discurso en enero en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Ucrania.

Estamos hablando de miles de millones de dólares en daños que han dejado el 70% de la red eléctrica de Ucrania en malas o irrecuperables condiciones y gran parte de la red de conexiones férreas destruidas.

Sin embargo, gracias a las donaciones sin precedentes que se han enviado para el gobierno de Volodimir Zelenski, este golpe económico no se ha sentido tanto para Ucrania, especialmente las zonas cercanas a Kiev, que hace meses que no ven la guerra.

Esta semana, Biden viajó a Kiev para anunciar un nuevo paquete de ayuda económica. Según los últimos datos del Pentágono, el monto total de la asistencia estadounidense a Ucrania desde el comienzo de la administración de Joe Biden asciende a 30.400 millones de dólares, concentrándose 29.800 millones de dólares en asistencia de seguridad enviados desde el 24 de febrero de 2022 en adelante.

El monto total de estas donaciones incluye más de 1.600 sistemas antiaéreos Stinger, 8.500 sistemas antitanque Javelin, cientos de miles de municiones, 109 IFV Bradley, 20 helicópteros MI-17 y decenas de armamento más incluidos en el "Fact Sheet" que publicó la Casa Blanca el pasado 20 de febrero.

Quién controla qué a un año del conflicto

La estrategia de Putin en los primeros tres meses fue muy clara: invadir Ucrania en todos los frentes en un ataque relámpago que le permitiera tomar la capital rápidamente, forzando a Zelenski a firmar el reconocimiento de autonomía de la región de Crimea, Donbás, Jersón y Zaporiyia, y probablemente instalar un gobierno títere en lo que quedara de Ucrania.

Este plan fue un rotundo fracaso. Tres meses después de la guerra y Rusia no pudo penetrar Kiev. Además, tuvo que ceder todo el territorio ganado en Chernígov, Chérnobil, Bucha, Sumy y Járkov, en el norte y noreste del país.

Sin embargo, fiel a la escuela rusa de hacer la guerra, Putin borró el pizarrón y se puso a diagramar un nuevo plan, que hasta la fecha parece ser exitoso. En vez de intentar conseguir el reconocimiento de las regiones que quiere anexar, lo haría por la fuerza.

Así, desde alrededor de junio o julio del año pasado, aprovechando el pico del verano en Ucrania, que permite mejor movilización de tropas y tanques, Putin concentró todos los ataques al sur, y lanzó una revivida invasión del sur de Ucrania.

En septiembre del 2022 el objetivo fue cumplido, y a pesar de las grandes bajas, Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia cayeron bajo control de Rusia. Putin se apuró a celebrar referéndums donde se le preguntó a la población si quierían unirse a la Federación Rusa, y en los cuatro casos, el 90% de los votantes optó por el sí, en una elección que Occidente señala como ilegal y cero democrática.

A pesar de que Rusia cumplió su objetivo, la guerra está lejos de terminar. En noviembre, Ucrania lanzó una contraofensiva que obligó al Ejército Rojo a abandonar la ciudad de Jersón, clave para el control del resto de la región homónima.

Además, tanto la ciudad de Bajmut, en el Donbás, como la ciudad de Zaporiyia, en la región del mismo nombre, permanecen bajo control ucraniano, lo cual pone en riesgo la sostenibilidad a largo plazo de las conquistas rusas. Por último, Odesa permanece bajo control de Ucrania, región que si bien no estaba en los planes de Putin, su dominio en manos ucranianas le otorga a Zelenski un puente de ataques a Jersón y a Crimea.

Suspensión del tratado nuclear START III

El pasado martes 21 de febrero de 2023, Putin dio un histórico discurso anunciando la suspensión del cumplimiento por parte de su país del START III (New START), el último tratado de desarme nuclear aún vigente entre Rusia y Estados Unidos después de la Guerra Fría.

El pacto fue firmado en 2010 como una continuación del START II, que a su vez seguía el START I, firmado originalmente en 1991 entre George H.W. Bush y Mikhail Gorbachov, y siempre tuvo el objetivo de limitar el número de cabezas nucleares de largo alcance que pueden desplegar Estados Unidos y Rusia, y el uso de misiles capaces de transportar armas atómicas.

La idea del acuerdo es limitar los arsenales de los dos países a un máximo de 1.550 ojivas desplegadas en cada lado. También limita a un máximo de 800 el número de lanzamisiles intercontinentales balísticos no desplegados (ICBM), lanzaderas submarinas para misiles balísticos (SLBM) y bombarderos pesados equipados con armamento nuclear, volumen aún suficiente como para destruir la vida humana en la Tierra.

El tratado reemplazó los acuerdos estratégicos START I y START II, que vencían en enero de 2010, y al Tratado de Moscú (STORT). El límite que impuso el nuevo tratado fue un 74% más bajo que el establecido originalmente, y un 30% más bajo que el límite de ojivas listas en el Tratado de Moscú firmado en 2002, lo que implicaba parte de un extenso camino hacia el desarme nuclear.

En su discurso, Putin por un lado aclaró que Rusia aún no se retiraba totalmente del tratado, sino que suspendía su participación mientras durara el conflicto en Ucrania con la OTAN. Por otro lado, el mandatario ruso instó a los altos mandos militares rusos "a estar preparados para reanudar las pruebas de armas nucleares si Estados Unidos realizara este tipo de pruebas”.

Este último anuncio trasciende el alcance de la guerra en Ucrania, ya que estamos ahora hablando de la puja nuclear entre dos superpotencias nucleares desgastando significativamente la llamada “diplomacia nuclear”, que no fue pública pero si muy activa en la moderación de las relaciones entre Washington y Moscú.

Desde la crisis de los misiles a comienzos de los 60’, tanto las autoridades soviéticas como las estadounidenses empezaron a ponerse de acuerdo en lo que son las reglas del juego para controlar que la conflictividad no termine de una forma no planificada, es decir, en un conflicto abierto de destrucción mutua asegurada. Esto se institucionalizó en los acuerdos de limitación de armamento en los que, por ejemplo, se limitaron hasta los ensayos nucleares.

De acuerdo al anuncio de Putin, funcionarios como el embajador ruso en Reino Unido trajeron algo de calma a la discusión pública y afirmaron que Rusia no tiene la intención de utilizar armas nucleares durante el actual conflicto de Ucrania.

"No en este conflicto. Tenemos una doctrina que establece claramente cuándo se pueden usar armas nucleares: en caso de un ataque nuclear contra Rusia o si un ataque convencional es tan grave que la existencia de nuestro estado estará en peligro. El conflicto de Ucrania no entra en ninguna de esas categorías" dijo a la radio LBC el embajador Andrey Kelin, minimizando la guerra.

La respuesta estadounidense al anuncio de Putin también tuvo la intención de poner paños fríos en el asunto, a pesar de tildar repetidamente a la decisión de “irresponsable”. La subsecretaria de Estado de Asuntos Políticos, Victoria Nuland, quien controla la agenda internacional de Biden, oficializó la intención del gobierno norteamericano de iniciar las negociaciones con Rusia para que no se caiga el tratado.

Estamos listos para comenzar a hacer esto mañana si la Federación Rusa está lista para ello. También estamos listos para permitir inspecciones”, dijo la funcionaria, respondiendo a una pregunta sobre si Washington está listo para negociaciones sin acusaciones ni condiciones previas.

Es menester mencionar que Estados Unidos se retiró unilateralmente de algunos tratados relevantes, como lo son el Tratado de Misiles Antibalísticos ABM (en contra de la voluntad de China y Rusia) en 2001, del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio en 2019, y del Tratado de Cielos Abiertos en 2020, sin consultar a la OTAN.

Plan de paz propuesto por China

Otro actor importante en el conflicto es China, la otra superpotencia que ve todo desde afuera pero toma nota y quiere sacar cualquier rédito que le sea posible. Esta semana, el canciller chino Wang Yi llevó a cabo una gira por Paris, Roma, Berlin, Kiev y Moscú presentando su plan de paz.

Recién este jueves, después de que la propia Casa Blanca también analice el plan, la propuesta se dio a conocer públicamente. Consta de los siguientes puntos.

– Respetar la soberanía de todos los países involucrados, con un nuevo mapeo de la región que se disputará en la mesa de negociación;

– Oponerse a cualquier sanción unilateral no autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU;

– Rechazar el concepto de que la seguridad de un país no puede ser a expensas de la seguridad de otros países;

– Oponerse al desarrollo, uso de armas biológicas y químicas por parte de cualquier país bajo cualquier circunstancia;

– Rechazar el concepto de que la seguridad regional no puede garantizarse reforzando o incluso ampliando bloques militares;

– Reafrimar que las armas nucleares no se pueden usar y la guerra nuclear no se puede librar;

– Firmar un cese el fuego y deje de disparar, evitando que la crisis de Ucrania se agrave aún más o incluso se salga de control;

– Mantener la seguridad de las centrales nucleares, oponerse a los ataques armados contra las instalaciones nucleares;

-Promover gradualmente la desescalada y el alivio de la situación y finalmente alcanzar un alto el fuego integral;

– El diálogo y las negociaciones son la única forma viable de resolver la crisis de Ucrania.

Votación en Naciones Unidas

En la víspera del primer aniversario de los acontecimientos del 24 de febrero de 2022, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución que también condena la intervención rusa en Ucrania y pide a la Federación Rusa que detenga las hostilidades y retire sus tropas de Ucrania, así como consagrar las principales disposiciones de la "fórmula de paz" ucraniana.

A pesar de la votación con amplia mayoría, esta resolución es simplemente simbólica y no tiene ni tendrá ningún efecto en lo que sucede tanto en el campo de batalla en Ucrania como en la negociación que tendrán que llevar a cabo tarde o temprano el bloque OTAN encabezado por Estados Unidos con Rusia, pero pone foco en cómo se distribuyen las alianzas a nivel mundial en este nuevo escenario multipolar.

De los 193 miembros de la Asamblea General de Naciones Unidas, 141 votaron a favor de la condena. Entre estos votos se encuentran Argentina y Brasil, aliado BRICS de Rusia, que venían absteniéndose de votar en anteriores resoluciones similares.

Por otro lado, 32 Estados se abstuvieron entre los que se encuentran China, India y Sudáfrica. Por último, 7 votaron en contra, Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Mali, Nicaragua, Siria y la propia Rusia; mientras que hubo 13 países que enviaron a sus representantes a votar, entre ellos, Venezuela.

Lo que se viene

A un año de la invasión, los líderes de los países de la Unión Europea y los Estados Unidos prometieron "no descansar" hasta que Ucrania gane el conflicto con Rusia y restablezca su integridad territorial, lo que indica que la "canilla libre" de dinero que la OTAN está enviando a Ucrania está lejos de cerrarse.

En un comunicado emitido este viernes por el Consejo Europeo, en el que participan los 27 mandatarios de todos los países de la Unión Europea, se enfatizó que continuarán apoyando a Kiev con suministros de armas y municiones a gran escala, incluidas las compradas conjuntamente por los países de la Unión Europea a la industria militar, y aumentarían constantemente la presión sobre Rusia.

"Junto con nuestros socios internacionales, haremos todo lo posible para que Ucrania gane, se respeten las normas internacionales, se restablezcan la paz y la integridad territorial de Ucrania en sus fronteras nacionalmente reconocidas, para que se reconstruya Ucrania y se haga justicia. No descansaremos hasta ese día", dice en el comunicado.

Cabe recordar además que recientemente, Alemania aprobó el envío de tanques pesados a Ucrania, por lo que las Fuerzas Armadas ucranianas están preparándose para una fuerte contraofensiva una vez que termine el invierno en la región, en las primeras semanas de marzo.

Por su parte, Rusia está demasiado metida en el conflicto, y tampoco tiene en su planes perder en su apuesta para hacerse de las históricas regiones rusoparlantes de Ucrania mientras Estados Unidos atraviesa tal vez su gobierno más débil en décadas, de la mano de Joe Biden.

En este marco, es difícil predecir cuánto más puede durar este conflicto, pero no parece estar a la vista un escenario en el que Putin admita la derrota, pero también es prácticamente imposible que gane, por lo menos mientras la OTAN siga apoyando a Ucrania de la manera que lo está haciendo. Por lo que la guerra, a un año de su comienzo, parece estar lejos de terminar.

En el debate acerca del conflicto, es extremadamente peligrosa la retórica moralista del “mundo libre” contra “los malos” que lleva adelante el presidente Joe Biden y varios líderes de la Unión Europea.

Después de robarse una elección e imponer brutales violaciones sistemáticas de los derechos humanos durante la pandemia, el actual liderazgo en Occidente no está libre de pecado para andar señalando a Putin por sus acciones.

Pero lo más peligroso es que el objetivo final de la OTAN hoy parece ser el de buscar un cambio de régimen en Rusia, sin poner matices ni entender cuál es el único camino que le dejan a Putin como respuesta a esa decisión. Parece que no aprendieron nada de Libia, y ahora quieren replicar la misma estrategia fallida en un país que tiene armas nucleares.

Estados Unidos

Tucker Carlson entrevistó en secreto a Putin en Moscú: La Unión Europea evalúa sancionarlo y prohibirle el ingreso al continente

Publicado

en

La conversación entre el ex presentador de Fox News y el mandatario ruso se emitirá el jueves en Twitter y en la página web tuckercarlson.com.

El periodista más importante del momento, Tucker Carlson, viajó a Moscú a escondidas esta semana para entrevistar en un mano a mano exclusivo al presidente de Rusia, Vladimir Putin, en lo que sería la primera que concede el mandatario a un estadounidense desde que comenzó la guerra en Ucrania.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, dijo que Putin había accedido a la entrevista con Carlson porque el enfoque del ex presentador de Fox News difería de la información “unilateral” sobre el conflicto de Ucrania de los otros medios de comunicación occidentales.

Carlson subirá la entrevista directamente a Twitter el jueves, como hizo con sus otras entrevistas a presidentes como Javier Milei en Argentina, Viktor Orbán en Hungría o Donald Trump en Estados Unidos. En un anticipo que subió este martes, dijo que la entrevista permitiría a los estadounidenses entender el punto de vista de Rusia sobre la guerra.

No estamos aquí porque amemos a Vladimir Putin. Nadie les pide que estén de acuerdo con lo que Putin pueda decir en esta entrevista, pero les instamos a que la vean. Deben saber todo lo que puedan”, dijo.

Según el periodista, sus productores también están intentando entrevistar a Volodimir Zelenski en Ucrania, para que pueda dar la otra cara de la situación, pero por el momento sin éxito. De hecho, funcionarios ucranianos han pedido su cabeza.

Persecución política

Según el propio Carlson, la última vez que intentó entrevistar a Putin, fue boicoteado por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. Se cancelaron sus pasajes "sorpresivamente", recibió amenazas anónimas para que no viaje y hasta su esposa recibió extorsiones.

También asegura que sus teléfonos fueron intervenidos y sus mensajes de texto fueron filtrados a la prensa. "No compartí las capturas con nadie, nunca me alejé de mí teléfono, es imposible que la prensa haya conseguido esas fotos sin ayuda del Gobierno", confirmó.

Sin embargo, esto solo retrasó lo inevitable, y después de reorganizarse mejor, Carlson logró viajar a Moscú por debajo de la atención del gobierno de Biden, y una vez en Moscú, logró moverse con total libertad, incluso apareciendo en varios videos que filmó la gente cenando en restaurantes y caminando por la calle.

Tras lograr la entrevista, miembros de la Unión Europea pidieron implementar sanciones contra el comunicador estadounidense por "contribuir a difundir la propaganda del Kremlin", según dijeron varios eurodiputados actuales y anteriores.

En particular, el ex primer ministro belga y actual diputado del Parlamento Europeo, Guy Verhofstadt, pidió la palabra en la sesión de este miércoles y calificó a Carlson de haberse convertido en el “portavoz de Donald Trump" y de "estar jugando a favor de Vladimir Putin".

“Parece lógico que el Servicio Europeo de Acción Exterior examine también su caso”, dijo el legislador en medio del recinto, en referencia a la agencia europea que tiene a cargo imponer sanciones a los empresarios o políticos que colaboren con el Kremlin.

Estas sanciones van desde multas económicas, pasando por embargos de bienes, hasta la prohibición de ingresar a cualquiera de lo 27 países miembro de la Unión Europea.

Seguir Leyendo

Economía

El colapso de la economía planificada en la Unión Soviética: La caída del sistema que esclavizó a millones de personas por 70 años

Publicado

en

Hace más de tres décadas colapsó definitivamente el experimento socialista en Rusia, dejando consigo un prontuario de atraso económico y social. La caída de la cortina de hierro dejó en evidencia el fracaso del intervencionismo estatal y la planificación centralizada.

Un 25 de diciembre de 1991 se disolvía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), tras un largo proceso de agonía económica e inestabilidad política prolongada, que dejó un saldo de millones de personas que murieron de hambre o por la represión del Estado.

El derrumbe de la URSS marcó el fin de la dictadura totalitaria en Rusia y algunos de los países colindantes. Se trata del régimen por excelencia que abolió casi por completo la libertad económica, la libertad civil y la libertad política sobre todas aquellos países que aglutinó. Dejó en manifiesto el fracaso de la ideología comunista y la planificación centralizada como una alternativa de organización social

El derrumbe político de la URSS no fue sino la consecuencia de un masivo colapso económico, un episodio que dio inicio a una de las crisis más severas de la historia, y cuyas secuelas persistieron a lo largo de la década de los 90s en Rusia. El fin de la cortina de hierro inspiró la necesidad de reformismo tanto en países post-soviéticos como en múltiples economías emergentes.

¿Por qué se estancó la economía socialista?

La Unión Soviética experimentó un importante crecimiento económico entre las décadas de 1950 y 1960, ya que aún asignando arbitrariamente los recursos, el Estado creó desde cero sectores que de otro modo hubieran sido impensables (por ejemplo el desarrollo de la industria pesada en un país predominantemente agrícola). Asimismo, la brecha tecnológica entre la URSS y Occidente era relativamente baja tras el final de la Segunda Guerra Mundial, entre otras cosas por la expansión del comercio con la Europa Oriental y con China.

Aún así, esta expansión no tuvo nada de excepcional si se la compara con países que partieron de una situación muy atrasada en términos relativos durante en la década de 1950, como España, Portugal, Grecia e incluso Brasil. Otro punto a tener en cuenta es que el alza inicial del PBI per cápita soviético no necesariamente reflejaba una mejoría de las condiciones materiales de vida de sus ciudadanos, porque al no haber un sistema de precios eficiente no había manera de interpretar las preferencias por ciertos bienes en detrimento de otros, simplemente se le obligaba a la población a aceptarlos por la fuerza.

Y fue precisamente la falta de un sistema de precios lo que irremediablemente terminó boicoteando todo el esquema. Sin un sistema de precios capaz de reflejar las preferencias de las personas o asignar los recursos, y frente a la total carencia de incentivos compatibles con la iniciativa individual, la economía planificada no fue capaz de identificar eficientemente ni cuánto, ni cómo, ni qué producir exactamente.

Se establecieron pautas de producción dentro de programas quinquenales, y los ciudadanos eran reducidos a ser una mera materia prima dentro de un plan de acción centralizado, una suerte de “productivismo forzoso”.

En una economía moderna el capital fluctúa entre sectores a través de las señales que marca el sistema de precios, pero en el régimen soviético las asignaciones se realizan con criterios políticos, con pautas arbitrarias o incluso con tecnicismos que no cuentan con la suficiente información.

La Unión Soviética enfrentó un largo proceso de descapitalización y atraso tecnológico acumulativo, que culminó con el estancamiento de la productividad de los factores para las décadas de 1970 y 1980. El auge de los años 60s se convirtió en un pesado estancamiento.

Las reformas de Gorbachov y el colapso insalvable de la economía centralizada

Consciente de las causas del estancamiento, el Secretario General Mijaíl Gorbachov trató de hacerles frente mediante la flexibilización del sistema planificador, en un vago intento por descentralizar pero sin abandonar el socialismo de Estado propiamente dicho.

Para revertir la baja productividad, Gorbachov estableció el “principio de autofinanciamiento en las operaciones empresariales”, por el cual las empresas estatales recibieron más autonomía de los recursos financieros que recaudaban y al mismo tiempo se hacían responsables de planificar sus propios gastos (tanto en salarios, insumos, bienes finales, etc).

Para atacar la abrumadora brecha tecnológica que condenaba al país al fracaso, se decidió flexibilizar el monopolio estatal sobre el comercio exterior, permitiendo que las empresas estatales y los ministerios pudieran acceder al comercio exterior, y se legalizó la inversión extranjera directa para ciertos sectores específicos. Asimismo, se legalizaron las cooperativas independientes al Estado.

Colapso productivo de la Unión Soviética entre 1981 y 1991.

Las tímidas reformas fueron un fracaso absoluto. La contracara de la mayor autonomía financiera para las empresas estatales fue la brutal caída de la recaudación del Gobierno central (ya que las ganancias de las empresas eran ingresos contables para el Estado). El déficit general aumentó al 2,3% del PNB en 1985, 6% en 1986, 7% en 1987, más de 10% para 1988, y superó el 15,8% en 1991

Estos desequilibrios se cubrieron enteramente con emisión monetaria directa del Gosbank (el Banco Central de la Unión Soviética). Los gastos del Estado siguieron aumentando, y el grado de centralización de la URSS alcanzó su punto más alto en los años 80s. El balance financiero total del Estado llegó a representar el 90% del PNB en 1990, y los gastos presupuestarios (la parte más importante del balance) superaron el 75% del Producto Neto material (una forma de medir de la producción en las economías socialistas).

Como los precios eran reprimidos y fijados arbitrariamente por el Estado, las situaciones de desabastecimiento se multiplicaron exponencialmente. La disparidad entre el crecimiento de la oferta monetaria y la oferta de bienes y servicios provocó un problema de “sobrante monetario” que sumió a la población en una situación de subsistencia y miseria.

La administración Gorbachov respondió al desabastecimiento con una reforma monetaria a gran escala. Se autorizó un aumento del 63% sobre los precios mayoristas en enero de 1991 pero solo 6% sobre los minoristas. La cantidad de precios fijos pasaron del 90% al 55% del total, y el resto pasaban a ser “administrados”.

Por otra parte, se firmó un decreto confiscatorio para retirar rublos en circulación, al mismo tiempo en que se estableció un corralito de hasta 1.000 rublos mensuales por persona para los depósitos en la Caja de Ahorros de la Unión Soviética.

En respuesta, la gente desesperada se lanzó masivamente a comprar divisas en el mercado negro para salvaguardar sus ahorros, y la brecha cambiaria escaló de 316% a más de 500% en febrero (el tipo de cambio oficial no se ajustaba desde la década de 1960). El Gobierno se vio obligado a devaluar hasta un 372% el tipo de cambio legal a partir de abril.

En ese mismo mes los precios minoristas subieron un 63,5% y la inflación superó los 3 dígitos. La economía entró en recesión ante la imposibilidad de solventar las ineficiencias del sistema, el desabastecimiento persistió incluso después de los fuertes aumentos, y la actividad industrial se derrumbó un 21% entre diciembre de 1988 y diciembre de 1991.

Para diciembre de ese mismo año, los faltantes de carne superaban el 52,6% en las tiendas oficiales, 20% en la leche, 70% en vegetales y 54% en azúcar, y precios disparándose con cada vez más violencia. La Unión Soviética se derrumbó el 25 de diciembre y el sistema de represión de precios colapsó en enero de 1992 con un salto del IPC en torno al 245% tras la reforma Pávlov.

Tenemos mucho de todo: tierra, petróleo, gas, otras riquezas naturales, y tampoco Dios nos ofendió en cuanto a inteligencia y talentos. Pero vivíamos bastante peor que en los países desarrollados. La razón de esto era evidente: la sociedad estaba asfixiada por las tenazas de un sistema burocrático y autoritarioAsí no se podía seguir viviendo, todo tenía que cambiar radicalmente”, admitió públicamente Gorbachov como parte de su discurso de renuncia en diciembre de 1991.

Seguir Leyendo

África

Otro golpe para Francia en África: Tras los golpes de Estado patrocinados por Putin, el G5 del Sahel está a punto de caer

Publicado

en

Tras el abandono de Burkina Faso y de Níger de la alianza destinada a combatir el terrorismo en la región patrocinada por Francia, Chad y Mauritania avanzarán en la disolución del G5 del Sahel.

Chad y Mauritania, los dos Estados miembros restantes del G5 del Sahel, afirmaron el miércoles en un comunicado conjunto que estaban tomando las medidas necesarias para disolver el grupo creado con el fin de combatir el terrorismo islámico luego de que los otros tres países fundadores se retirarán de él.

En un comunicado conjunto, Chad y Mauritania informaron que "toman nota y respetan la decisión soberana" de Burkina Faso y Níger de abandonar la alianza, siguiendo los pasos de Malí, que lo hizo en 2022.

Además, agregaron que "implementarán todas las medidas necesarias de acuerdo con la convención fundacional del G5, en particular el artículo 20", el cual establece que la alianza puede ser disuelta a petición de al menos tres Estados miembros.

El sábado, pasado, Burkina Faso y Níger anunciaron su retirada de la alianza. Según un comunicado conjunto, ambos países "han decidido con plena soberanía abandonar todas las instancias del G5 Sahel, incluida la fuerza conjunta" a partir del 29 de noviembre.

"La organización está fallando en lograr sus objetivos. Peor aún, las ambiciones legítimas de nuestros países, de hacer del G5 Sahel una zona de seguridad y desarrollo, se ven obstaculizadas por la burocracia institucional de una época anterior, que nos convence de que nuestro proceso de independencia y dignidad no es compatible con la participación del G5 en su forma actual", agregaron las juntas militares nigerinas y burkineses.

Fuerzas conjuntas del G5 del Sahel

Haciendo una clara referencia a Francia, patrocinador del G5, añadieron que "el G5 Sahel no puede servir a intereses extranjeros en detrimento de nuestros pueblos, y menos aún a los dictados de cualquier potencia en nombre de una asociación que los trata como niños, negando la soberanía de nuestros pueblos".

Si bien, al anunciar su retirada, los oficiales militares burkineses y nigerinos no pidieron explícitamente su disolución, el destino de la agrupación anti terrorista parecía sentenciado incluso antes de que la junta de Malí anunciara su retiro en 2022.

Además, lo cierto es que, sobre el terreno, se han llevado a cabo pocas operaciones conjuntas del G5 y la situación de seguridad ha continuado deteriorándose con el pasar de los años. Por esto, los resultados del G5, creado en 2014, han sido pobres en comparación a las expectativas iniciales.

Recordemos que, en 2017, los líderes de Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger acordaron desplegar una fuerza antiterrorista conjunta respaldada por Francia, pero los gobernantes militares de los tres países que han abandonado el grupo han acusado a París de tener un papel desmedido después de años de despliegues de tropas francesas en sus territorios.

Junta militar nigerina que tomó el poder en el pasado mes de julio

Asimismo, a pesar de la creación de la fuerza conjunta, la violencia de los grupos armados ha seguido extendiéndose, dejando un saldo de víctimas que alcanza los miles de civiles y combatientes, y el desplazamiento de millones de personas. También, ha proliferado la inestabilidad política en la región, que ha sido testigo de una sucesión de golpes militares en muchos de los países que la integran.

Por último, es menester recordar que, en septiembre de este año, solo dos meses después del golpe de Estado, la junta militar de Níger firmó un pacto de defensa mutua con Burkina Faso y Malí para apoyarse mutuamente, incluso en materia de defensa, contra cualquier amenaza de rebelión armada interna o agresión externa. La carta se conoce como la Asociación de Estados del Sahel (ASS).

En el mismo sentido, los ministros de Relaciones Exteriores de los tres países recomendaron la semana pasada la creación de una confederación como parte de un objetivo a largo plazo de unir a los países de África Occidental dentro de una federación.

Seguir Leyendo

Tendencias