Lo que el nefasto Gobierno socialista de Pedro Sánchez intenta disfrazar como una crisis humanitaria es, en palabras de líderes de la oposición, una “invasión” orquestada que pone en jaque la supervivencia de la cultura occidental en suelo europeo.
La situación en la ciudad autónoma de Ceuta ha alcanzado un estado de colapso absoluto tras una semana de asedio constante en sus fronteras.
En apenas cinco días, la entrada masiva de ilegales ha alcanzado una cifra equivalente al 2% de la población total de la ciudad, un dato histórico que refleja la magnitud del desastre.
El flujo migratorio, impulsado por el “efecto llamada” de las políticas de regularización masiva del socialismo, ha registrado picos aterradores de hasta 200 inmigrantes por minuto cruzando de forma irregular.
En lo que va de la semana, cerca de 2.000 personas han logrado cruzar a nado bordeando el espigón del Tarajal, aprovechando la inacción de unas Fuerzas de Seguridad que se ven desbordadas y atadas de pies y manos por las directrices del Ejecutivo.
Desde la derecha política, las críticas contra el “Gobierno corrupto de Sánchez” son tajantes. Santiago Abascal, líder de Vox, ha denunciado que los recién llegados “no vienen huyendo de ninguna guerra, ni de la pobreza. Es una invasión. Son hombres en edad militar llamados por el Gobierno... para que asalten nuestras fronteras para que después deambulen por las calles de España diciendo 'viva Pedro Sánchez'”.
Por su parte, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha calificado la situación de “desesperada” y ha acusado al Ejecutivo de abandonar sus obligaciones de “seguridad nacional” al no activar el artículo 23 de la Ley 36/2015, que permitiría una respuesta militar contundente.
El caos legal también juega a favor de la ilegalidad. Un reciente fallo del Tribunal Supremo que modifica la interpretación de las “devoluciones en caliente” está siendo utilizado por las redes criminales y de tráfico ilícito de migrantes para incentivar el cruce, prometiendo impunidad en suelo español.
La degradación de la frontera es tal que incluso delincuentes expulsados de otros países europeos ven en la España de Sánchez un refugio.
Es el caso viralizado de un ciudadano marroquí con hepatitis C, quien celebró su regreso a España tras ser expulsado de Holanda para evitar cumplir una condena de 5 años de prisión; el individuo afirmó con total descaro: “ahora vuelvo porque también he acogido la nacionalidad de Barcelona”.
Mientras tanto, el Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se limita a viajar a la zona para "evaluar" un desastre que ya ha costado la vida a 60 personas en el último mes por la temeridad de los cruces a nado.
Pese a que la Junta de Portavoces de la Asamblea de Ceuta —incluyendo al propio PSOE local— ha pedido el cierre de la frontera del Tarajal, el gobierno central sigue apostando por una diplomacia tibia con Marruecos, país que se limita a culpar a las bandas criminales mientras la soberanía española se disuelve entre las olas.
Marcos Galperín, exitoso fundador de Mercado Libre, resumió el sentimiento de indignación al compartir las imágenes del desastre: “Saluden a la cultura occidental que se ha dejado invadir en Europa”.