Mientras el régimen de Luiz Inácio Lula da Silva insiste en negar cualquier interferencia entre el Poder Ejecutivo y la Justicia, un descuido terminó exponiendo lo que la oposición denuncia desde hace años. Un micrófono abierto captó una conversación informal entre el mandatario brasileño y el juez Alexandre de Moraes, reavivando las acusaciones sobre la estrecha relación entre ambos y alimentando el debate sobre la independencia del Supremo Tribunal Federal en medio de la creciente tensión política que atraviesa Brasil.
“Vamos a tomar un café”. Con esa frase simple, pero cargada de impunidad, el dictador Luiz Inácio Lula da Silva selló ante un micrófono abierto su complicidad con Alexandre de Moraes, el juez del Supremo Tribunal Federal que ha sido el encargado de proscribir y condenar a los principales opositores del régimen.
El incidente, ocurrido al finalizar un discurso oficial, eliminó cualquier rastro de la inexistente división de poderes en el Brasil actual, dejando en evidencia que las sentencias judiciales se cocinan en la intimidad de la presidencia.










