Un centro de estudios cubano afirmó que para resolver la crisis energética se requieren 6.600 millones de dólares y se necesita reformar el sistema energético de la isla.
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La crisis energética de Cuba suma un nuevo capítulo que expone, con números concretos, la magnitud del deterioro estructural. Un informe reciente del centro de estudios Cuba Study Group estimó que el país necesita al menos 6.600 millones de dólares únicamente para estabilizar su capacidad de generación eléctrica, una cifra que refleja décadas de desinversión y un sistema al límite gracias al Régimen comunista.
El dato no es menor: se trata solo del costo necesario para estabilizar la generación, sin incluir una modernización integral del sistema. En otras palabras, incluso si se consiguieran esos fondos, el desafío energético de la isla dista de resolverse. Especialistas advierten que la recuperación depende no solo de recursos financieros, sino también de reformas económicas profundas que permitan sostener inversiones y garantizar eficiencia operativa.
El contexto agrava el diagnóstico. Cuba atraviesa una crisis energética persistente, con apagones recurrentes y un sistema eléctrico que ha colapsado en varias ocasiones recientes. La infraestructura, basada en gran medida en plantas termoeléctricas envejecidas, opera con serias limitaciones técnicas y falta de mantenimiento.
Foto satelital de la isla de Cuba
A esto se suma la escasez de combustible, que restringe aún más la capacidad de generación. En los últimos meses, el país ha enfrentado dificultades para asegurar suministros externos, lo que ha derivado en cortes prolongados de electricidad que afectan tanto a hogares como a sectores productivos.
El panorama plantea interrogantes inevitables sobre la viabilidad del modelo energético vigente. Bajo un esquema altamente centralizado por parte del régimen, el sistema ha mostrado dificultades para adaptarse a las necesidades actuales y para atraer inversiones externas en un contexto de creciente urgencia. La falta de incentivos y de apertura económica aparece como uno de los principales obstáculos para revertir la situación.
Actual dictador de Cuba, Miguel Diaz-Canel junto a sus oficiales
Más allá de las explicaciones coyunturales, el problema es estructural. La combinación de infraestructura obsoleta, escasez de recursos y limitaciones institucionales configura un escenario en el que incluso soluciones millonarias resultan insuficientes si no vienen acompañadas de cambios de fondo.
En este marco, la crisis energética deja de ser un problema sectorial para convertirse en un síntoma de un modelo económico que enfrenta crecientes dificultades para sostener servicios básicos. La electricidad, en este sentido, se ha transformado en uno de los indicadores más visibles de una situación que exige definiciones de largo plazo.