El Partido Laborista británico atraviesa su peor crisis interna desde su llegada al poder luego de la renuncia del ministro de Salud, Wes Streeting, quien abandonó el gabinete de Keir Starmer denunciando una pérdida total de confianza en el liderazgo del primer ministro. La dimisión aceleró el caos político dentro del oficialismo y disparó nuevas especulaciones sobre una posible caída de Starmer.
Streeting, una de las figuras más importantes del gobierno y considerado además como uno de los posibles sucesores de Starmer, publicó una dura carta en la que afirmó que ya es “evidente” que el actual primer ministro no podrá liderar al Partido Laborista en las próximas elecciones generales.
La crisis explotó tras las elecciones locales de mayo, donde el laborismo sufrió una derrota histórica. El partido perdió más de mil concejales y decenas de gobiernos locales, mientras Reform UK, liderado por Nigel Farage, se consolidó como la gran fuerza ascendente de la derecha británica.
El lider del partido Reform UK Nigel Farage
Dentro del laborismo, numerosos diputados comenzaron a responsabilizar directamente a Starmer por el derrumbe electoral. Según distintos reportes, cerca de 90 parlamentarios ya exigen su renuncia inmediata o un calendario claro para abandonar el liderazgo.
La salida de Streeting no fue un hecho aislado. En los últimos días también renunciaron asesores, subsecretarios y funcionarios cercanos al gobierno, profundizando la sensación de descontrol dentro de Downing Street.
El propio Streeting evitó confirmar oficialmente una candidatura para reemplazar a Starmer, aunque dirigentes laboristas ya lo ubican entre los principales nombres para una futura interna partidaria. Otros posibles aspirantes mencionados dentro del laborismo son Angela Rayner, Ed Miliband y el alcalde de Manchester, Andy Burnham.
El alcalde de Manchester Andy Burnham.
Parte del malestar interno también se relaciona con una serie de escándalos y errores políticos acumulados durante los últimos meses. Entre ellos aparecen conflictos internos por la guerra en Gaza, problemas económicos, disputas sobre inmigración y la polémica por los vínculos de Peter Mandelson con Jeffrey Epstein, que derivó en nuevas renuncias dentro del entorno de Starmer.
A pesar de la presión creciente, Starmer insiste en permanecer en el cargo y rechaza cualquier posibilidad de dimisión. El primer ministro afirmó que abandonar el gobierno “sumiría al país en el caos” y prometió resistir cualquier intento de rebelión interna.
Sin embargo, el clima dentro del Partido Laborista ya es abiertamente de guerra interna. Varios diputados admitieron ante medios británicos que consideran a Starmer “políticamente acabado” y creen que el avance de Reform UK y el crecimiento del descontento social hacen inevitable un cambio de liderazgo antes de las próximas elecciones.