El alivio temporal se desvanece y los apagones masivos vuelven a afectar a gran parte del país.
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Cuba enfrenta nuevamente una profundización de su crisis energética tras agotarse el suministro de crudo ruso que había permitido una mejora temporal en el sistema eléctrico. La situación vuelve a poner en evidencia la fragilidad estructural del modelo energético de la isla.
El arribo a fines de marzo del petrolero ruso Anatoli Kolodkin, con unas 100.000 toneladas de crudo, había generado un alivio parcial en los apagones que afectan al país desde hace meses.
El petrolero ruso Anatoli Kolodkin
Sin embargo, ese suministro ya se encuentra prácticamente agotado y no hay nuevos cargamentos confirmados, lo que reaviva el riesgo de cortes masivos.
La consecuencia es inmediata: los apagones volvieron a intensificarse en todo el territorio. En los últimos días, cortes simultáneos llegaron a afectar entre 40% y 46% del país en horarios de alta demanda, reflejando la magnitud del problema energético.
La crisis no es nueva, pero se ha profundizado en los últimos años. El sistema eléctrico cubano enfrenta infraestructura obsoleta, falta de inversión y una fuerte dependencia del petróleo importado, factores que limitan su capacidad de respuesta ante interrupciones en el suministro.
Además, la escasez de combustible no solo impacta en la generación eléctrica. También afecta sectores clave como el transporte, la producción y los servicios básicos, generando consecuencias directas en la vida cotidiana de la población.
La Habana en medio de un apagón general
El episodio del crudo ruso dejó en evidencia un patrón recurrente: la dictadura de Díaz-Canel no logra resolver el problema de fondo. El alivio que representó ese cargamento fue breve, y la falta de continuidad en el abastecimiento vuelve a colocar al sistema al borde del colapso.
En este contexto, el régimen cubano enfrenta el desafío de estabilizar un sistema energético que muestra señales de agotamiento.
Las autoridades han reconocido mejoras puntuales, pero también admiten que la situación sigue siendo crítica y que la estabilidad depende en gran medida del acceso a nuevos suministros de combustible.
La persistencia de apagones masivos refleja una crisis estructural que va más allá de eventos puntuales. Sin cambios profundos en infraestructura y abastecimiento, el sistema eléctrico cubano continúa expuesto a interrupciones constantes.
Así, la isla vuelve a una situación conocida: cortes prolongados, incertidumbre energética y una economía condicionada por la falta de recursos básicos para sostener su funcionamiento.